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HRW: 5.000 guatemaltecos viven y mueren en el dolor sin morfina ni opioides

GUATEMALA SALUD | 17 de mayo de 2017

Se estima que en Guatemala cada año hay unas 28.500 personas con enfermedades crónicas avanzadas que padecen, entre otras, cáncer, enfermedades cardíacas, pulmonares, renales o SIDA, y aunque el dolor de estos se puede tratar con medicamentos baratos como la morfina, las regulaciones guatemaltecas sobre sustancias controladas son "tan restrictivas" que lo impiden. EFE/Archivo

Guatemala, 17 may (EFE).- En Guatemala, miles de pacientes con enfermedades crónicas "sufren innecesariamente" porque no pueden acceder a medicamentos contra el dolor y se calcula que unas 5.000 personas "viven y mueren en el dolor" por no disponer de morfina u opioides.

Así lo denunció hoy un informe de la organización internacional Human Rights Watch (HRW) titulado "Punishing the Patient: Ensuring Access to Pain Treatment in Guatemala" -"Castigar al paciente: garantizar el acceso al tratamiento del dolor en Guatemala"-, presentado en la capital.

El documento, de más de 60 hojas, denuncia cómo las normas para controlar el abuso de drogas hacen "casi imposible" que estos enfermos puedan conseguir medicamentos como la morfina, algo que contraviene el derecho internacional y que coloca al país muy por detrás de otras naciones de la región.

Se estima que en Guatemala cada año hay unas 28.500 personas con enfermedades crónicas avanzadas que padecen, entre otras, cáncer, enfermedades cardíacas, pulmonares, renales o SIDA, y aunque el dolor de estos se puede tratar con medicamentos baratos como la morfina, las regulaciones guatemaltecas sobre sustancias controladas son "tan restrictivas" que lo impiden.

El análisis, realizado entre diciembre de 2014 y agosto de 2015, denuncia, en este sentido, que la falta de esfuerzos de Guatemala para asegurar el acceso a cuidados paliativos, las barreras normativas y las regulaciones complejas "condenan" a muchos pacientes con dolor a "sufrimientos innecesarios".

Emmanuel García era un joven de 17 años al que en 2012 le fue diagnosticado un tumor cerebral. Tras la cirugía, el joven seguía teniendo un dolor intenso, que lo obligó a abandonar la escuela: "El dolor era tan intenso (en algunos puntos) que él se agarraba el pelo gritando y corría por las calles pidiendo ayuda", relata su madre.

A pesar de ello, los médicos no le prescribieron nada y su madre decidió internarlo en septiembre de 2014 en un hospicio sin ánimo de lucro que lo trató hasta que murió cinco meses después.

"El Gobierno ha hecho poco para mejorar la disponibilidad de cuidados paliativos, especialmente para aquellos que viven fuera de la capital", denuncia el informe, que pide a Guatemala adoptar medidas proactivas para ofrecer servicios de cuidados paliativos, eliminando obstáculos innecesarios al uso de la morfina y mejorando la capacidad de los profesionales de la salud.

El autor de la investigación y director adjunto de salud y derechos humanos de Human Rights Watch, Diederik Lohman, dijo durante la presentación del documento que el Gobierno puede "mejorar drásticamente" la difícil situación de estos pacientes con unos pasos sencillos que les mejorarán, además, la calidad de vida.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a la morfina un medicamento esencial para el tratamiento del dolor moderado a intenso y para su uso, dice HRW, es necesario implementar leyes que regulen quién puede recibir la medicación y cómo.

Pero en la actualidad, los pacientes en Guatemala deben trasladarse durante horas para conseguir los medicamentos y obtener "un sello" del Ministerio de Salud para validar la prescripción antes de que una farmacia se lo proporcione, una validación que no solicita ningún otro país del mundo.

Esto a veces va en contra de la ética médica, pues si los galenos quieren atender correctamente a sus pacientes tienen que infringir la ley, reutilizar medicamentos de pacientes muertos o recomendarles acudir al mercado negro, denuncia el escrito.

El análisis, que se basa en 79 entrevistas -incluyendo 37 a enfermos de cáncer y sus familias, y 38 a trabajadores del sector- relata el dolor extremo que padecen, las visitas a doctores que no pueden tratarlos y los largos viajes para llegar a los hospitales.

Uno de ellos, Gabriel Morales, relató cómo viajó cada 15 días unas 7 horas en autobús público para recibir analgésicos para un cáncer abdominal. Se despertaba a la 1 de la mañana (07:00 GMT), caminaba un kilómetro, tomaba el autobús y llegaba a la capital a las 8:00 (14:00 GMT).

Solo cuatro hospitales públicos o apoyados por el Gobierno ofrecen cuidados paliativos y todos están en la Ciudad de Guatemala aunque casi el 80 % de la población vive en otro lugar del país.

De los 14.000 médicos, entre 50 y 60 tienen prescripciones especiales para recetar morfina, todos en la capital, y solo tres farmacias del país dispensan constantemente analgésicos u opioides, también todas en Ciudad de Guatemala.

Ante esta situación, HRW recomendó a Guatemala reformar las regulaciones de control, asegurar que la morfina oral de liberación inmediata esté disponible en todos los departamentos del país y desarrollar un currículo obligatorio de pregrado en cuidados paliativos y formación clínica en la materia.

También, crear unidades de cuidados paliativos en las provincias para evitar un "sufrimiento innecesario".

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