12.000 millones de euros para traer la producción de chips a Europa

12.000 millones de euros para traer la producción de chips a Europa

«El objetivo es que produzcamos el 20% de todos los microchips del mundo en 2030, y eso requiere que multipliquemos por cuatro la producción de semiconductores en apenas ocho años. Es un reto, un desafío, pero es posible». Lo explica Thierry Breton, empresario antes que comisario y responsable del Mercado Interior de la UE, antes de que la Comisión presente este lunes su esperada ‘Chips Act’, la legislación que aspira a movilizar 12.000 millones de euros «de dinero fresco, no artificios contables, entre inversión pública y privada» para poder competir con EEUU y con las grandes potencias asiáticas, que dominan desde hace años el mercado.

Los números de Bruselas, esos 12.000 millones (la mitad del Presupuesto de la UE y del de otros de los países) más 30.000 que ya estaban contemplados en todo tipo de partidas continentales o nacionales, aspiran a rivalizar con los más de 50.000 millones de dólares anunciados por Washington por esa misma carrera, que pasa inevitablemente por la construcción de lo que se conoce como «megafabs’, fábricas gigantescas (con poco personal y carísimos robots). «Necesitamos ‘megafabs’, todas las posibles. Pero dos o tres como inicio estaría bien», dice Breton. «Si empezamos una de cero en 2022 quizás podríamos ver apertura en 2026», calcula.

La propuesta es una de las ideas estrellas del francés, y la presidenta Ursula von der Leyen ya ha hecho suyo el proyecto, pero en la capital comunitaria hay dudas. Sobre la capacidad real de movilizar ese dinero, sobre la legalidad de algunas de sus implicaciones, pues el equipo de Competencia que dirige la danesa Margrethe Vestager ve riesgos reales de violar las normas de ayuda de Estado. Y también sobre la filosofía del proyecto, que los más críticos, en especial desde Alemania, consideran «subvencionar sin necesidad a empresas de por sí rentables».

El francés rechaza de pleno las acusaciones de subvenciones y asegura que «ninguna empresa se mete en algo tan serio por unas ayudas públicas«, pero saca pecho una y otra vez en un encuentro con cuatro diarios europeos sobre cómo el debate ha cambiado en el Colegio de Comisarios. Antes había dudas, pero «la propuesta ha salido y me han dado la razón», apunta. «Porque es imprescindible».

Su equipo ha rascado partidas del Presupuesto o de programas como Horizon Europe para obtener esos fondos y espera contar con el respaldo de las capitales. Y la idea es relajar las reglas de ayuda de Estado para facilitar la producción de chips, permitiendo que gigantes de todo el planeta, como Intel, puedan optar a fondos si se comprometen a abrir instalaciones en Europa. «Las ayudas deben ser proporcionadas y apropiadas», dice Breton.

Pero la Chips Act implica también, dice Breton, «un cambio de paradigma». «Se acabó la edad de la inocencia, ya no somos naifs. Vengo del mundo de los negocios y sé que hace falta un equilibrio de poderes. Con la pandemia hemos aprendido y cambiado, como se vio con las vacunas. Estamos abiertos, pero ya no por default y en todas las circunstancias. No es proteccionismo, está todo conforme a las reglas de la Organización Mundial del Comercio, pero exigimos reciprocidad. Ahora tenemos instrumentos y exportamos a quienes nos ofrecen lo mismo», dice Breton, recordando el caso de las vacunas.

La propuesta contempla, precisamente, la posibilidad de hacer lo mismo que Estados Unidos a través de la llamada DPA, su ley de producción de defensa, esto es, activar mecanismos para garantiza el suministro en momentos críticos. Impidiendo, si fuera necesario, la salida de chips si está en peligro la producción europea. «Si Taiwán no fuera capaz de exportar semiconductores, y tenemos ideas claras de cuál podrían ser las razones, la mayoría de nuestras fabricas en Europa se verían afectadas y podrían tener que llegar a parar. Es una dependencia muy significativa«, alerta.

El comisario avisa de que todas estas medidas no están pensadas, ni servirán, para hacer frente a la falta de abastecimiento actual, y que espera que dure todavía «uno o dos semestres» por lo menos.

Está pensando a medio plazo, pues calcula que en una década el mercado mundial pasará de 500.000 millones a un billón de chips, y todos los socios y rivales están haciendo planes similares. Hoy en día el 80% de la producción mundial está en Asia, el 10% en Europa y otro tanto en EEUU. «Pero en Europa estamos en buena situación porque controlamos mejor la i+D que el resto», asegura el galo.