Alberto Garzón se reafirma en sus ataques a la carne española: «El modelo de producción actual es insostenible»

Alberto Garzón se reafirma en sus ataques a la carne española: «El modelo de producción actual es insostenible»

Tras pasar un periodo de silencio prudencial debido a la campaña electoral de Castilla y León, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha vuelto a cargar contra la carne española para reafirmarse en su criterio sobre la producción en las macrogranjas que ya expuso ante el diario británico The Guardian y que levantó una agraria polémica. En su intervención en la presentación del informe ‘Atlas de la Carne’, organizado por la ONG Amigos de la Tierra, se ha reafirmado que «el modelo de producción de carne actual es insostenible» por lo que abogó por «reconocer los límites del planeta e introducir nuestra economía en ellos». Si no lo hacemos, advirtió «está en peligro la vida».

Garzón se mostró orgulloso sobre las reflexiones que realizó a finales de diciembre del año pasado y advirtió que este tipo de «polémicas» contribuyen a incrementar el número de personas que «simpatizan» y «empatizan» con su tesis. Esta también fue detallada el pasado verano cuando criticó -a través de un vídeo- el consumo excesivo de carne, al que ligó a salud del planeta por, a su juicio, excesiva producción de CO2, y a los perjuicios sobre la salud.

Entonces pidió a los españoles que cambiaran su dieta porque comen carne de forma excesiva y perjudicaba su salud y a la del planeta, ya que a su juicio, el 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene de la ganadería, especialmente de las macrogranjas. Según su criterio, tras aquella reflexión suya en voz alta, «parte de las élites de nuestro país no supo leer con acierto lo que a la gente le preocupa y es el modo en cómo nos alimentamos». «Vivimos en el fetichismo de la mercancía», añadió, «y eso nos hace olvidarnos de cómo se ha producido la mercancía», apostilla.

Para el titular de Consumo, «lo que hemos dicho, y ha alimentado polémicas anteriores, son verdades científicas» por lo que se ha mostrado «orgulloso» de «ser una de las personas» que lleva a cabo esa labor de concienciación. «Me gusta que se haya abierto el debate sobre cómo nos alimentamos y el impacto que tiene en nuestra salud y en la del planeta», dijo, así que no ha dudado en confirmar que desde su Ministerio seguirán en esa «línea de trabajo» que está basada en el ecologismo.

De todas formas, reconoció que es «el primer gran sorprendido» porque el debate sobre sus declaraciones a The Guardian se alargase durante semanas. Entonces, llegó a decir que la mayoría de críticas a la campaña de su Departamento para reducir la ingesta de carne procedía de hombres que «sentían que su masculinidad se vería afectada» por no consumirla.

En este sentido, durante su alocución de hoy, ha señalado que «hace dos años, muchos nos dijeron que el Ministerio de Consumo no iba a tener incidencia y las decisiones de consumo afectan a nuestra vida de muchas maneras posibles».

Estas corrientes verde, asegura, «chocan y colapsan» con «determinados actores económicos y políticos interesados en beneficios a corto plazo o a sus rentas». Alude así a las críticas recibidas por el sector cárnico de España y a la totalidad de organizaciones agrarias que llegaron a pedir, incluso, su dimisión por estas críticas en un medio internacional por afear la imagen de producción de alimentos en nuestro país y poner, así, en riesgo las exportaciones.

A su entender, y para hacer frente a ese teórico poder que le criticó, Garzón abogó por «conformar una alianza social, un bloque de contrapoder, que permita que nuestras agendas se abran paso» con el fin de «reconectar» con los consumidores para cambiar sus hábitos a la hora de la compra y analicen antes de su elección aquellos «las condiciones en las que se ha producido», tanto desde el punto de vista de las condiciones del empleo como desde el factor medioambiental.

En el informe ‘Atlas de la carne’, de un centenar de páginas y elaborado por la Fundación Heinrich-Böll, se concluye, como refleja en su título, que «la ganadería industrial devora nuestro planeta«. También se apunta que el consumo global de la carne se ha duplicado en los últimos 20 años hasta alcanzar los 320 millones de toneladas en 2018, con un probable crecimiento del 13 % más en 2028. Además, dicho informe alerta de que en España, el consumo es de 52 kilos por habitante al año, «pero lo sostenible, dicen los científicos, son 21 kilos anuales».

De ahí que el ministro de Consumo haya abogado por defender «los límites del planeta para que los sistemas socioeconómicos se inserten dentro de tales límites es uno de los objetivos más acuciantes de la especie humana».

El informe desarrolla aspectos de consumo, comercio internacional, desperdicio cárnico, mataderos, impacto climático, huella hídrica, producción de piensos, uso de antibióticos, fertilizantes, etiquetado o la Política Agrícola Común de la UE, y asegura que se basa en datos extraídos de fuentes públicas como la FAO, el USDA o Eurostat. En este sentido, detalla que, según estos datos, el 37% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) proviene del sistema agroalimentario y, de este porcentaje, el 57% de las emisiones las ocasiona la industria cárnica por lo que concluye que el 20% de las emisiones mundiales procede de la ganadería.