Alexander Dugin, el ‘Rasputín’ que le habla al oído a Putin

Alexander Dugin, el ‘Rasputín’ que le habla al oído a Putin

‘El Rasputín de Putin’ o el ‘profeta fascista’ son los dos sobrenombres que más le suelen imponer a Alexander Dugin, el teórico político y filósofo nacido en 1962 en Moscú y que con recién cumplidos 60 años aparenta una mayor edad por cuenta de su larga barba.

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No obstante, lo que más llama la atención de Dugin no es su aspecto físico, sino el poder que parece ejercer en el presidente ruso, Vladimir Putin, y su más cercano entorno, aludiendo a los tiempos de Grigori Yefímovich Rasputín, el místico ruso que ejerció una gran influencia en los últimos días de la dinastía Románov.

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Como teórico político, los ensayos de Dugin no pasarían de ser una obra con aspectos curiosos y provocadores, una especie de apología del ultranacionalismo ruso.

Pero en realidad su poder es mucho mayor, dado que es uno de los teóricos más leídos y escuchados por el Kremlin, además de ser uno de los autores más leídos por los nuevos grupos ultraderechistas estadounidenses y europeos. Eso sumado a que, aunque no tiene un puesto oficial en el Gobierno ruso, es un influyente de los asesores político y militar de Putin.

Alexander Dugin es un personaje que se movía en las lindes de la clase política rusa durante la perestroika y los años del presidente Boris Yeltsin.

Sin embargo, fue solo en la era de Vladimir Putin cuando se logró acercar de una manera más directa al poder y pasó de ser un autor gris teórico, que apenas vendía, a ser una cara conocida por su presencia habitual en la televisión pública rusa.

#Putin Is Surrounded by #Liberals‘ – an Interview with #AlexanderDugin https://t.co/VG49KyI6L1 pic.twitter.com/wDa2vBEAMQ

— Maya’s Dolly (@mayasdolly)

June 29, 2018

El filósofo, dice el portal Impakter, también ha estado bien posicionado para influir en Putin a través de su relación como exasesor de Sergei Naryshkin, un miembro clave del oficialista partido Rusia Unida.

Naryshkin fue nombrado jefe de la inteligencia exterior rusa en 2016. Como la mayoría de los hombres poderosos de Rusia, Naryshkin tiene vínculos directos con Putin desde su juventud, cuando eran compañeros de estudios en un grupo de la Escuela Superior del KGB.

Sin embargo, la influencia de Dugin no se basa solo en una amistad con Naryshkin.

Dugin, un escritor prolífico, estableció su propia presencia en la radio, la televisión y en internet con el sitio web geopolitica.ru. También ha creado muchas revistas, una editorial, Arktogaia, y fundó en 1998 el proyecto New University para difundir sus ideas por todas partes.

En 1979, cuando apenas tenía 17 años, empezó a frecuentar círculos ultranacionalistas críticos tanto con la política oficial de la Unión Soviética como con la occidental.

Mientras empezaba a estudiar ingeniería en el Instituto de Aviación de Moscú, Dugin se iba acercando cada vez más al misticismo, el esoterismo y a las lecturas de teóricos que fueron autores de cabecera del nazismo, como Ernst Jünger. En 2005 consiguió un doctorado en ciencias políticas y en 2011 otro en sociología.

Imagen de Vladimir Putin destrozando una paloma, en alusión de la paz, en una calle de la ciudad francesa de Lyon.

Foto:

JEFF PACHOUD. AFP

Dugin se iba acercando cada vez más al misticismo, el esoterismo y a las lecturas de teóricos que fueron autores de cabecera del nazismo, como Ernst Jünger.

Tras el derrumbamiento de la Unión Soviética, Dugin se opuso al régimen democrático de Boris Yeltsin. Durante esos primeros años de democracia en Rusia dedicó cada vez más tiempo a lecturas y escrituras ultranacionalistas y etnicistas. En esos años se acercó al belga Robert Steuckers, defensor de lo que llamó nacionalismo europeo anticapitalista y muy próximo a los neonazis.

En los últimos 30 años, Dugin fue responsable de fundar el Partido Nacional-Bolchevique, el Frente Nacional-Bolchevique y el Partido Eurasia. Fue consejero de Guennadi Zelezniov, presidente de la duma, y de Serguei Narychkine, miembro de Rusia Unida, el partido de Putin.

Además, dice tener una “visión” que le permite reconocer el futuro y asegura ser el creador de lo que llama “la cuarta teoría”, siendo las tres primeras el comunismo, el fascismo y el liberalismo.

La “cuarta teoría” promueve un mundo multipolar y no uno dominado, como cree que sucede ahora, por el liberalismo.

En ese sentido, Dugin escribe contra todos los valores que representa ese Occidente liberal que detesta: la democracia, el comercio, la igualdad de género y en general los derechos humanos asegurando, según le cuenta a Putin, que Rusia debe trabajar para que “los pueblos” se deshagan de las «élites liberales» y para que una alianza ruso-china le haga frente “al orden mundial atlantista”.

El precio del petróleo ha subido y está volátil por el conflicto entre Ucrania y Rusia.

Foto:

EFE

“La tarea máxima es la finlandización de toda Europa”, señala el filósofo al describir una visión de Estados que mantienen su entidad, pero a costa de someterse al dictado ruso.

Para conseguirlo, Dugin traza como claves: fomentar la división y el aislacionismo en Estados Unidos, agudizar las divisiones entre el Reino Unido y las naciones del continente europeo, la desestabilización interna y el uso de la desinformación para dejar a Europa occidental bajo tutela alemana y controlarla con el suministro de gas y petróleo.

Su gran obra, Fundamentos de geopolítica: el futuro geopolítico de Rusia (1997), habla de la construcción de un imperio que se llamaría Eurasia y sería en la práctica una estructura política totalitaria controlada desde Moscú y en la que los países europeos no serían más que colonias a la orden del Kremlin.

Este libro, escrito desde el resentimiento de la era postsoviética por la gloria perdida, es un auténtico libro de texto en el círculo de poder de Putin y en el Ejército ruso. Un manual del nacionalismo imperialista. 

Su teoría dice que Rusia y su entorno son “la civilización de la tierra”, la telurocracia, ente que debe ser regido con mano dura y leyes estrictas. Y lo contrapone a “la civilización del mar”, la talasocracia, que son en su cabeza América del Norte y Europa occidental, y cuyos países considera más propensos a tener leyes más laxas y líderes más débiles que basan su poder e influencia en su potencia marítima y en su dinamismo mercantil.

“La tarea máxima es la finlandización de toda Europa”, señala el filósofo al describir una visión de Estados que mantienen su entidad, pero a costa de someterse al dictado ruso.

Dugin es una de las luces de los nuevos movimientos fascistas europeos por sus obras y también por sus dichos.

En 2011, cuando el neonazi noruego Anders Breivik mató a casi 100 jóvenes socialdemócratas que celebraban un congreso de su partido en la isla de Utoya, Dugin –abiertamente antisemita– dijo: «Cuantos más Breivik haya, mejor».

Ucrania, pieza clave

Presidente Volodymyr Zelensky en su visita a Bucha, ciudad de Ucrania.

Foto:

AFP

«Ucrania como Estado independiente con ciertas ambiciones territoriales representa un peligro enorme para toda Eurasia (…). Sin resolver el problema ucraniano no tiene sentido hablar de política continental», afirmaba Dugin en Fundamentos de geopolítica.

‘El Rasputín de Putin’ se ha hecho más notorio desde que comenzó la invasión de Rusia a Ucrania el pasado 24 de febrero debido a que expuso como un pilar la toma de este país en su teoría.

No deja de ser curioso, como recordó David Von Drehle en The Washington Post, que la exesposa de Richard Spencer, uno de los líderes de la alt right estadounidense, sea traductora de Dugin.

Por ahora, Putin no parece ir tan lejos como Dugin en sus aspiraciones a la conquista de toda Europa.

En sus discursos de los días previos al ataque a Ucrania, el presidente ruso insinuó que su búsqueda es la de volver a controlar el territorio del Imperio ruso de finales del siglo XIX más que los de la Unión Soviética.

Además, cuando Putin dice “Eurasia”, lo utiliza para hablar del entorno cercano al país, no de todo el continente. 

Y negacionista del diálogo, Dugin dice sentirse defraudado de Putin después de que el presidente ruso envió negociadores a hablar con los ucranianos, pues, como otros ultranacionalistas, Dugin afirma que la invasión a Ucrania «es solo el comienzo de la operación. Debemos ir adelante, solo adelante».

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Bruselas

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