Análisis: Las masacres escolares, un drama sin fin en Estados Unidos

Análisis: Las masacres escolares, un drama sin fin en Estados Unidos

Lo primero que hizo Salvador Rolando Ramos luego de cumplir los 18 años fue comprarse dos rifles de asalto AR-15 y 375 rondas de municiones en una tienda especializada en venta de armas a las afueras de Uvalde, Texas. Eso fue la semana pasada. Cuatro días después y tras telegrafiar sus intenciones a través de redes sociales, le disparó en la cara a su abuela, con quien vivía, y luego se dirigió a la escuela de primaria Robb Elementary, donde asesinó a sangre fría a 19 niños de cuarto grado, de entre 9 y 10 años, al igual que a dos profesoras, antes de morir en un enfrentamiento con las autoridades.

Qué lo llevó a cometer una de las peores masacres en la historia de Estados Unidos (la octava más mortífera desde que se lleva a cabo este tipo de recuento), aún es un misterio. Diversas fuentes que lo conocían hablan de un joven solitario que había sido víctima de matoneo en el colegio y provenía de una familia con historial de abuso de drogas. 

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Pero al margen de eso, esta nueva e incomprensible tragedia que enluta a Estados Unidos ha vuelto a poner sobre la mesa un drama que parece no tener fin: el de los tiroteos en centros educativos y el ya conocido debate sobre el control de las armas en un país donde cualquiera puede adquirirlas hasta en una tienda de abarrotes. Aunque este tipo de masacres no son las más comunes, vienen al alza en años recientes y cada vez cobrándose más víctimas.

Casi 5 masacres por mes este año

Al sacar sus números, las autoridades federales no hacen un conteo específico sobre tiroteos en colegios. Pero medios como The Washington Post y The New York Times llevan varios años recopilando datos sobre este fenómeno. Particularmente desde la masacre de Columbine, Colorado, en 1999, cuando dos adolescentes mataron a 13 niños en una escuela secundaria. Un tiroteo que se considera el origen de esta ola, pues fue a partir de allí cuando comenzaron a presentarse más casos. 

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Desde entonces se han documentado 336 tiroteos en los que han muertos 185 niños y al menos 369 han sido heridos. En total, dice el Post, 311.000 menores han sido expuestos a este tipo de violencia en 331 colegios del país.

Pero lo que causa más alarma es el notable incremento de los últimos años. Entre el 2009 y el 2017 la cifra promedio fue de 10 incidentes anuales. De allí en adelante, excluyendo el 2020, cuando la mayoría de los colegios cerraron por la pandemia del covid-19, los casos se dispararon a 33 por año. De hecho, el 2021 registró la cifra más alta de la historia: 42 casos. Y el 2022 pinta igual de grave pues ya van 24 incidentes en solo estos cinco meses. 

Según el análisis del Post, el promedio de edad de los asaltantes es entre 15 y 16 años, y en el 85 por ciento de los casos las amas pertenecían a padres o parientes. Las motivaciones son de todo tipo. Desde un niño de 6 años que mató a una compañerita porque no le caía bien hasta una joven de 15 años que asesinó a varios tras un desplante amoroso. 

Para darles dimensión a las escandalosas cifra solo basta comparar el caso de EE. UU. con el resto del mundo. Si bien no hay un estudio único que registre todos los tiroteos en centros educativos del planeta, sí hay varios sobre naciones industrializadas. En uno realizado por un equipo de analistas de la CNN en el 2018, la cifra de tiroteos en colegios de EE. UU. es 57 veces más alta que la de todos los países desarrollados sumados en bloque. 

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Aun incluyendo a naciones en vías de desarrollo, donde se han presentado incidentes, los números palidecen con relación a los estadounidenses. México, el país que más casos tuvo entre el 2008 y el 2018, sumó 8, seguido por Sudáfrica, con 6, e India con 4. Es por eso que muchos describen este fenómeno como una crisis particularmente estadounidense.

Dos tiroteos al día

El problema, por supuesto, no es exclusivo de los centros educativos. De hecho, las masacres y tiroteos, que algunos definen como casos donde al menos cuatro personas resultan muertas o heridas, son casi el pan de todos los días en este país. 

De acuerdo con el Archivo para la Violencia con Armas de Fuego, un organismo que documenta este tipo de incidentes, solo en lo que va del 2022 se han presentado 215 episodios con esas características. Es decir, en promedio más de uno diario. Y, como en el caso de las masacres en colegios, las cifras en general vienen en ascenso. 

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En el 2021, por ejemplo, se sumaron 693 tiroteos (casi dos diarios), la cifra más alta que se registra en décadas. De 610 en el 2020 y 417 en el 2019. Números que duplican el promedio de la década anterior. 

Estadísticas que tienen correlación con las muertes con armas de fuego, que también están disparadas. En total, el año pasado murieron más de 45.000 personas por esta vía, de las cuales 21.000 fueron homicidios y 24.000 suicidios. Se trata del número más alto de asesinatos al menos desde 1968 y un incremento del 50 por ciento comparado con hace 5 años, según un informe del PEW Research Center.

Más armas que gente

Por qué son tan comunes este tipo de incidentes en Estados Unidos es algo que lleva años siendo estudiado y materia de intensa polémica en el país. Pero la mayoría de los analistas coincide en que existe un vínculo directo con la cantidad de armas que circulan entre la población civil y lo fácil que es adquirirlas. 

De acuerdo con un estudio de Small Arms Survey (SAS), ningún otro país del mundo tiene más armas que habitantes, como sucede en Estados Unidos. Esta firma, con base en Suiza, sostiene que en la superpotencia hay más de 393 millones de armas en circulación, es decir, 120 por cada 100 habitantes. Para ponerlo en contexto, el segundo país en la lista es Yemen, que vive un conflicto armado desde hace años, donde la tasa es de 53 por 100 habitantes. 

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Según SAS, pese a que Estados Unidos representa solo el 4,4 por ciento de la población del planeta, sus civiles poseen el 46 por ciento de todas las armas del mundo. Por eso no sorprende la conclusión de un estudio reciente escrito por Adam Lankford, profesor de la universidad de Alabama, en donde afirma que desde 1966 el 31 por ciento de todas las masacres o tiroteos cometidos en el mundo han sido perpetradas por estadounidenses pese a que solo representan una fracción de la población mundial. 

A pesar de la evidencia, los conservadores –en su mayoría republicanos– y defensores de la Segunda Enmienda, que garantiza el derecho al porte de armas en Estados Unidos, insisten en que el problema no es el volumen de estos artefactos letales que existe hoy entre la población civil y que el crimen no se detiene limitando su acceso. 

Para los demócratas, por el contrario, es urgente establecer más controles a la venta de armas. Entre ellas, expandir la revisión de antecedentes que se hace antes de una venta a un ciudadano, limitar el acceso a los rifles de asalto automáticos como el que utilizó Ramos en Uvalde y disminuir la capacidad de municiones en los proveedores.
En todo caso: una vieja polémica que suele reactivarse cada vez que se presenta una tragedia de esta magnitud y que ahora será mucho más intensa porque las víctimas fueron niños. 

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Poderosos intereses

En un discurso ante la nación, el presidente Joe Biden pidió enfrentar el lobby de los productores y distribuidores de armas de fuego, en alusión a las gruesas cantidades de dinero que se gasta la industria armamentista en cabildeo ante el Congreso para impedir que se establezcan límites. Pero los republicanos dieron claros indicios de que objetarán cualquier cambio que restrinja el alcance de la Segunda Enmienda. 

Algo muy parecido a lo que sucedió en el 2013 tras la masacre de 20 niños entre los 4 y los 6 años en Sandy Hook, una escuela en Connecticut. A pesar del repudio universal, los republicanos terminaron bloqueando un proyecto de ley aprobado por los demócratas en la Cámara de Representantes que habría fortalecido el mecanismo de revisión de antecedentes. 

Y aunque en esta ocasión la presión es enorme para que se vuelva a intentar, el resultado probablemente será idéntico. Los republicanos tienen poco interés en sumarse a medidas que sean vistas como un ataque a la Segunda Enmienda, un tema muy polémico entres las bases del partido cuya mayoría es de origen rural. Sobre todo, cuando se avecinan las elecciones legislativas de mitad de término donde lo que cuenta es el voto local y no nacional. Eso pese a que gran parte del país (un 55 por ciento, según el promedio de encuestas) es favorable a controles más estrictos y probablemente lo será aún más tras la masacre de Uvalde. 

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Lo más seguro, por supuesto, es que paguen costo político por oponerse. Pero ese costo, en su cálculo, es inferior al de desafiar a las bases del partido.

Independientemente de esa dinámica, sí existe alta preocupación entre las autoridades y expertos por los aumentos de masacres y muertes con armas de fuego. Y si bien hay una multitud de explicaciones, muchos analistas apuntan a una relación con la pandemia del covid-19. 

“La pandemia ha causado altos niveles de estrés, incertidumbre económica, aislamiento, desempleo, y la interrupción de servicios sociales diseñados para mitigar este tipo de problemas. Si bien no podemos concluir que es la causa de los elevados niveles de crimen que se registraron durante el 2020 y el 2021, es sin duda el único factor de cambio específico que se ha presentado en este período de alza”, sostiene Paddy Sentongo, profesor de neurología en la Universidad de Pensilvania que acaba de concluir un reporte sobre el fenómeno. 

Algo que también serviría para explicar los incrementos en las masacres escolares, pues está documentado que las interrupciones que causó la pandemia a la educación presencial generaron efectos adversos en los menores. 

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Pero el fondo, según Sentongo, sigue siendo el mismo. “Cuando una situación –como el covid, o cualquier otra– impacta a una sociedad que está armada hasta los dientes, el potencial de que eso se traduzca en más muertes es mucho más alto». 

SERGIO GÓMEZ MASERI – @SERGOM68
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO WASHINGTON  

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