Asalto al Capitolio: «Para algunos la insurrección del 6 de enero fue motivo de orgullo. A menos que haya un correctivo para ellos vamos a tener problemas en EE.UU.»

Asalto al Capitolio: «Para algunos la insurrección del 6 de enero fue motivo de orgullo. A menos que haya un correctivo para ellos vamos a tener problemas en EE.UU.»
Gerardo LissardyBBC Mundo

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Un año después de que una turba de seguidores de Donald Trump invadiera con violencia el Capitolio, Estados Unidos aún busca cómo cerrar uno de los capítulos más oscuros de su democracia.

Si bien 71 personas han sido sentenciadas hasta ahora por participar del asalto para detener la certificación del triunfo electoral de Joe Biden, todavía hay cientos de casos penales pendientes.

Por otro lado, una comisión de la Cámara de Representantes investiga la eventual responsabilidad de quienes podrían haber instigado la invasión al Capitolio el 6 de enero de 2021, incluido el entonces presidente Trump y su entorno.

Y siguen abiertas preguntas clave como cuánto se involucró la Casa Blanca en organizar las marchas que acabaron en los hechos mortales de ese día, o cómo actuó el propio Trump al enterarse del ataque.

Sin embargo, el expresidente ya fue absuelto de un juicio político por presuntamente incitar una insurrección contra la democracia de EE.UU. y mantiene una enorme influencia política, sobre todo en su Partido Republicano.

«La mayoría de los funcionarios electos del Partido Republicano siguen apoyando al expresidente y propagando sus mentiras sin insistir en que haya algún tipo de responsabilidad por lo que hizo», dice William Howell, catedrático de ciencia política en la Universidad de Chicago, en una entrevista con BBC Mundo sobre el aniversario del ataque al Capitolio.

A continuación, una síntesis del diálogo telefónico con Howell, autor del libro «Presidentes, populismo y la crisis de la democracia».

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¿Cuál es el estado de la democracia en EE.UU. un año después de los hechos del 6 de enero?

El estado de la democracia en EE.UU. un año después de la insurrección del 6 de enero es problemático, controvertido e incierto.

La insurrección del 6 de enero dañó nuestra democracia y reveló sus profundas vulnerabilidades.

Fue una verdadera llamada de atención para las personas que se preocupan por la salud de nuestra democracia, nuestro sistema político y nuestro país.

Fuente de la imagen, Universidad de Chicago

Desde aquel día se ha hablado mucho de responsabilidades. Pero un año después hay 71 sentencias en más de 700 personas detenidas. ¿Es un número razonable o demasiado poco?

El esfuerzo para garantizar que exista algún tipo de responsabilidad es una tarea enorme para el Departamento de Justicia: rastrear a todas esas personas por todo el país, averiguar con precisión de qué son responsables y realizar los juicios va a tomar tiempo, creo que años.

La gran pregunta tiene más que ver con qué tipo de significado le daremos como país a ese evento. ¿Qué lecciones sacamos?

Para algunos en este país esa insurrección fue un motivo de orgullo, una especie de esfuerzo por hacer retroceder un sistema político que vieron roto y una elección que consideraron ilegítima.

A menos que haya un correctivo para aquellos que están propagando ese tipo de reclamos, realmente vamos a tener problemas como país en el futuro.

Los detenidos hasta ahora son personas que asaltaron el Capitolio. Pero sigue abierta la pregunta de quién más podría rendir cuentas y si el expresidente Trump se enfrentará a cargos por lo ocurrido aquel día. ¿Qué cree?

No lo sé. Espero que al menos la mayoría de nuestro país repudie los fallos de liderazgo y abusos de poder que cometió, no solo ese día sino durante todo el período posterior a las elecciones de 2020.

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Un hecho triste sobre el estado de la política estadounidense es que la mayoría de los funcionarios electos del Partido Republicano siguen apoyando al expresidente y propagando sus mentiras sin insistir en que haya algún tipo de responsabilidad por lo que hizo, no solo penal sino política. Eso es profundamente preocupante.

Al mismo tiempo ya hubo un juicio político en febrero de 2021 contra Trump que terminó con su absolución. Muchos que están de su lado pueden preguntarse cuánto continuará este esfuerzo para hacer que él y su círculo íntimo sean responsables…

Hay una serie de investigaciones en curso en la Cámara que hablarán de eso.

Creo que habrá un debate y una deliberación sobre el significado de este evento y su causa. Habrá elecciones y veremos si se presenta de nuevo o no en 2024 y luego si el Partido Republicano lo respalda, como lo ha hecho en gran medida.

Es cierto, hubo un juicio político y no fue condenado en el Senado. Eso es en buena medida porque la gran mayoría de los republicanos lo apoyaron y se negaron a responsabilizarlo. Lo hicieron en gran parte por una serie de cálculos políticos.

Si un demócrata se hubiera comportado como lo hizo Trump, esos mismos republicanos habrían votado por el juicio político y la condena.

Así que no se ha resuelto nada. Todo está en disputa. Pero lo que está en juego es sustancial.

Trump todavía parece políticamente fuerte y se especula con que podría ser candidato a las elecciones presidenciales de 2024. ¿Ha pagado algún costo político él por lo que hicieron sus partidarios el 6 de enero?

Hoy sigue siendo el republicano más importante de EE.UU.

Y el pequeño número de republicanos en el Congreso que votaron a favor del juicio político o se pronunciaron contra el presidente se volvieron parias dentro de su propio partido. Algunos de ellos no buscan la reelección. Otros han sido destituidos de puestos de liderazgo.

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Lo que tenemos entonces es un gran partido estadounidense que sigue concentrado detrás de un demagogo y las mentiras que propaga, y se niega a reconocer su comportamiento y su culpabilidad.

Eso es muy preocupante para quienes reconocen que un sistema bipartidista vibrante y competitivo es esencial para el funcionamiento de nuestra democracia.

¿Cómo ha logrado Trump mantenerse tan influyente?

Es una gran pregunta. Y no hay una sola respuesta.

Pero quiero resaltar que Trump logró aprovechar algunas ansiedades, decepciones y descontentos profundos de un sector significativo del público estadounidense.

Parte de esa ansiedad, desafección e ira se debe a los grandes cambios demográficos que están ocurriendo en EE.UU. y en muchas democracias occidentales, y a un temor de que esté en juego el significado de ser estadounidense.

Pero también existe la sensación de que Trump, como populista, ofreció un repudio a un sistema político que les había fallado.

Aprovechó eso como pueden hacer los populistas exitosos y lo canalizó, no al servicio de rejuvenecer la democracia, sino de subvertirla y mejorar su propia fortuna política en detrimento de la salud de nuestro sistema bipartidista.

Las encuestas muestran que los estadounidenses están divididos sobre lo que ocurrió el 6 de enero, la responsabilidad de Trump en los disturbios o la legitimidad de la presidencia de Biden. ¿Cómo puede un país sanar o encontrar un camino de progreso con tal nivel de divisiones, que siguen claras líneas partidistas?

En cuanto a Trump, sabemos que jugó un papel importante en los hechos que rodearon el 6 de enero, al menos en la propagación de la gran mentira, diciendo que el sistema estaba manipulado y que la elección de Biden era ilegítima. Esas líneas fueron una fuerza detrás de la voluntad de tanta gente de ir al Capitolio.

En cuanto a Biden, él habla mucho de unidad y sospecho que volverá a hacerlo en su discurso para conmemorar el primer aniversario de esta insurrección. Pero se necesita mucho más para sanar las profundas heridas de este país.

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El rejuvenecimiento de nuestra democracia debe realizarse en múltiples frentes, como la reforma institucional y de nuestro sistema político para atender mejor los problemas de tantos estadounidenses.

Hasta que tengamos un gobierno más eficaz, persistirá la ira, el descontento y las condiciones para que prosigan los llamamientos populistas, y nuestra democracia seguirá siendo vulnerable.

Hay mucho trabajo por delante para reparar las profundas divisiones de nuestro país.

¿Cree que lo que ocurrió el 6 de enero en EE.UU. tuvo consecuencias para la democracia alrededor del mundo?

Seguramente las tiene de dos formas. Para quienes trabajan por la democracia en todo el mundo, la democracia estadounidense era algo que podían señalar como guía, inspiración o sentido de lo posible. Y todo eso experimentó un gran revés el 6 de enero de 2021.

Además, los autócratas y posibles autócratas que quieren afirmar que la democracia no es todo lo que se promociona y que en EE.UU. no hay democracia, ahora tienen un ejemplo para decir que incluso allí ves violencia, derramamiento de sangre, profundas divisiones. Eso encaja con los argumentos políticos que necesitan para llegar o mantenerse en el poder.

Así que sí, las consecuencias no son solo para la democracia estadounidense, sino para la democracia en todo el mundo.

¿Son estas consecuencias aplicables a América Latina, una región en la que la democracia enfrenta importantes desafíos?

La pregunta que me plantearía es hasta qué punto EE.UU. figura en la imaginación de otras naciones. Y en la medida en que lo haga, entonces la importancia del 6 de enero solo aumentará.

Entonces para América Latina estos eventos también repercutirán en gran medida.

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