Biden ordena investigar a las petroleras para saber si están inflando los precios de la gasolina

Biden ordena investigar a las petroleras para saber si están inflando los precios de la gasolina

¿Paripé político o posible connivencia para subir los precios de los carburantes? Para las empresas petroleras, la decisión del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, de abrir una investigación acerca de si esas empresas están inflando artificialmente el precio de la gasolina es lo primero. Pero, en un momento en el que la inflación está en máximos de 30 años, y con los estadounidenses listos para lanzarse a la carretera en su primer Día de Acción de Gracias – una festividad comparable a la Navidad en España – desde el Covid-19, los partidarios del presidente creen que se trata de una medida justa.

Más aún si se dirige contra unas empresas a las que nadie quiere: las del ‘Big Oil’, o sea, el ‘Gran Petróleo’. Y si llega en un momento en el que los precios de la gasolina han subido en un 60% en relación a como estaban hace un año, hasta los 3,41 dólares el galón, lo que equivale a 86 céntimos de euro el litro. No es una decisión, además, original. En 2006, el entonces presidente, el republicano George W. Bush – paradójicamente, muy cercano a la industria petrolera, al contrario que Biden – lanzó una investigación similar.

En el actual ‘rally’ alcista del crudo desencadenado a medida que la economía mundial se reactiva, la cotización de las petroleras estadounidenses se ha disparado, y todas han aumentado el dividendo y lanzado planes de autocartera, gracias a la subida del carburante. Biden, además, necesita una coartada política para defender su plan de limitación de la exploración petrolera y de desarrollo de los coches eléctricos y de las energías renovables.

Según algunos inversores, como Steven Schwarzman, del fondo de private equity Blackstone, el sector del petróleo está sufriendo una caída de la inversión debido a la mala prensa que tiene por su impacto en el calentamiento global. La falta de inversión, a su vez, limita la producción y, por tanto, hace que el precio del barril suba.

Sea como sea, Biden ha instruido a la Comisión Federal de Comercio (FTC, según sus siglas en inglés) que regula la libre competencia en EEUU, que investigue «la conducta potencialmente ilegal» de las empresas de hidrocarburos. Mejorando lo presente, la orden del presidente habla de «las dos grandes petroleras de Estados Unidos», o sea, Exxon y Chevron, aunque sin mencionar sus nombres. Para la izquierda estadounidense, Exxon es sinónimo de todo lo malo que puede hacer una empresa, hasta el punto de que uno de los periodistas más prestigiosos del país, el dos veces Pulitzer Steve Coll – ex director del think tank New America Foundation y actual decano de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia -, triene un libro sobre la compañía significativamente titulado ‘Imperio Privado’ (‘Private Empire‘).

La orden de Biden parece ser, en realidad, fruto de su debilidad política. En agosto, el presidente hizo un llamamiento a la OPEP para que aumentara la producción de crudo, pero el cartel de países exportadores se negó. Paradójicamente, Donald Trump sí tuvo éxito cuando trató de influir en la política de la OPEP en 2019 y 2020. Ahora, parece haberse dirigido a por un blanco más débil: las grandes petroleras.

En su carta a la FTC, Biden ordena examinar la diferencia de precios entre la gasolina mayorista y minorista. Es una línea de argumentación que ya había sido planteada en agosto por su equipo de asesores económicos. Sin embargo, históricamente, los márgenes de las petroleras siempre cuando el petróleo está caro, y se estrechan cuando es barato, igual que los de los bancos con los tipos de interés. Aunque las compañías no han respondido, el Instituto Estadounidense del Petróleo, que es el lobby de las grandes empresas del sector, ha calificado la investigación de buscar «una distracción de un cambio trascendental en el mercado» y de «decisiones erróneas del Gobierno», que han exacerbado el problema.

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