Bruselas presenta un plan descafeinado para hacer frente a la tormenta del gas mientras la luz en España bate otro récord

Bruselas presenta un plan descafeinado para hacer frente a la tormenta del gas mientras la luz en España bate otro récord

España quería una revolución en el sector de la energía a nivel europeo, romper los mecanismos de creación de precios, reformar la subasta marginalista, disociar el precio del gas de la factura de la luz y dar más poder a los Estados para actuar, pero la respuesta ha sido, una y otra vez, que no. Están en contra la Comisión Europea, el regulador continental y más de una docena de países que se niegan en redondo a soluciones ad hoc que pongan en peligro un mercado que funciona bien. Lo único concreto que ha se ha materializado es la propuesta presentada este miércoles por la Comisión Europea para un mecanismo de compra conjunta de gas, pero es una idea tan descafeinada, matizada, llena de condicionales, para casos de emergencia y con un sentido económico tan cuestionable que muchos en Bruselas dudan de que vaya a llevar a alguna parte.

El presidente Pedro Sánchez se empeñó desde septiembre en que éste fuera un debate europeo, a 27, que se hablara de ello en las cumbres. Lo logró en una informal en Eslovenia, en el Consejo Europeo de octubre y volverá a pasar este jueves el último Consejo Europeo del año, pero más allá del simbolismo, y de mantener vivo el tema para desafíos futuros, los resultados son escasos. Moncloa pensaba que el tema crearía una ola de indignación en Europa, pero el momento que se vivió después del verano ha pasado. Ahora hay otras preocupaciones, empezando por el recrudecimiento de la pandemia, y la presión es mucho menor para las «soluciones audaces» reclamadas por Sánchez.

La propuesta de la Comisión, encajada dentro de una batería de ideas para acelerar la descarbonización, sirve para que el Ejecutivo saque algo de pecho y destaque que era una exigencia española, y que el haber sido escuchados es buena noticia. Pero la realidad es que este mecanismo, que permite a cuantos estados lo deseen de forma voluntaria tejer una alianza para la compra conjunta de gas y su almacenaje, es limitado. Una compra (y almacenaje) a 27, como la que se hace para casos de emergencia con el petróleo, crearía un gigante que puede negociar con una posición de fuerza con los países exportadores. Pero hacerlo entre unos pocos, con dudas sobre la capacidad de almacenaje, con los costos de transporte y con serias debilidades para que quienes ya tienen contratos a medio plazo se quieran arriesgar a renegociarlos se antoja difícil.

El proceso consistiría en que serían los estados los que harían las evaluaciones de riesgo y encargarían a los operadores del sector que hagan las compras y almacenen para garantizar los suministros, manteniendo informadas a las instituciones comunitarias de cada paso, coste y formas de financiar la operación. Pero la propuesta, en todo caso, se contempla para situaciones críticas, como cuando haya riesgo de corte de suministros. Una última opción que ni siquiera cubriría situaciones como la actual, de precios desatados.

«Los altos precios de la energía en los últimos meses han llamado la atención sobre la importancia de la seguridad energética, especialmente en tiempos en que los mercados globales son volátiles. La Comisión ha propuesto hoy mejorar la resiliencia del sistema de gas y fortalecer las disposiciones de seguridad del suministro existentes», dice el comunicado publicado por el equipo de los comisarios Timmermans y Simson. «En caso de escasez, ningún hogar en Europa se quedará solo (…) La propuesta también permite la compra conjunta voluntaria por parte de los Estados miembros para disponer de existencias estratégicas, de conformidad con las normas de competencia de la UE», un matiz importante.

Se trata de un añadido, una posibilidad, pero no un cambio en el funcionamiento del mercado. No una revolución. En las conclusiones del Consejo Europeo del jueves, el documento que negocian durante semanas todas las delegaciones y refleja la posición común, se contemplan cuatro referencias a los precios de la energía. Señala que la volatilidad y las subidas de las facturas «siguen siendo un asunto de preocupación, especialmente en el contexto de la recuperación, da acuse de recibo de los informes provisionales de ACER, la agencia de reguladores europeas, y de la ESMA, que están encargadas de estudiar el diseño del mercado y posibles prácticas ilegales. Y, concluye, sin asertividad, que los ministros seguirán pendientes del tema y volverá a ella de forma apropiada, pero sin precisar más.

El plan de Bruselas llega el mismo día en que el precio de la electricidad vuelve a pulverizar su récord en España superando la simbólica barrera de los 300 euros por megavatio hora. El Gobierno se ha apresurado a confirmar hoy que pospondrá la rebaja fiscal en vigor sobre el recibo eléctrico y que afecta a tributos como el IVA, el impuesto especial sobre Electricidad o el impuesto a la generación eléctrica.

A pesar de este nuevo incremento, que va camino de situar a diciembre como el mes más caro de la historia, el Gobierno se agarra a sus cálculos -que no detalla- para justificar que «el conjunto de los hogares españoles» pagarán en 2021 lo mismo por la luz que en 2018 una vez descontada la inflación.

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