Cultivo de cobertura: el gran reto de ‘El Chaparrito’ para reducir un 30% las emisiones de sus tomates

Cultivo de cobertura: el gran reto de ‘El Chaparrito’ para reducir un 30% las emisiones de sus tomates

DAVID VIGARIO

Mérida

Actualizado Viernes, 24 diciembre 2021 – 01:31

A sus 52 años, Waldo Reyes se dedica en su finca ‘El Chaparrito’ de Pueblonuevo del Guadiana (Badajoz) al cultivo del tomate de industria, el maíz y el cereal. Junto a otros dos socios, es propietario de una sociedad cooperativa que incluye dos parcelas de 9,5 hectáreas, que también producen aceitunas por medio del olivar superintensivo.

Desde el pasado mes de marzo, Waldo protagoniza junto a otros 25 agricultores de siete países europeos -siete de ellos en España- un programa piloto emprendido por la empresa Bayer que tiene como objetivo la lucha contra el cambio climático mediante la descarbonización de la cadena alimentaria y, en concreto, de las plantaciones y cultivos en el sector agrario alcanzar un sistema alimentario más sostenible.

Para ello, aplican nuevas técnicas de reducción de la huella del carbono en la línea que está marcando el programa ‘Green Deal’ de la Comisión Europea, que incluye la estrategia ‘De la Granja a la Mesa’, que busca reducir desde el uso de plaguicidas químicos en un 50%, el de fertilizantes un 20%, además de ampliar al 25% la superficie ecológica.

Precisamente, los próximos fondos de la Política Agraria Común (PAC), que abarcará el periodo 2023-2027, están condicionados al menos en un 25% del total del presupuesto a la puesta en práctica obligatoria de este tipo de planes para recibir las ayudas. La apuesta no es baladí porque Bruselas ya tiene a nuestro país en el punto de mira en cuanto a sus usos agrícolas. Recientemente, la Comisión Europea ha denunciado a España ante el Tribunal de Justicia de la UE por incumplir la directiva de nitratos agrícolas y por no tomar las medidas suficientes para evitar la contaminación de las aguas del país.

En este contexto, la multinacional Bayer plantea con este programa reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 30% en 2030. Para ello, experimenta en 27 granjas de Francia, España, Bélgica, Dinamarca, Alemania, Reino Unido y Ucrania con un total de 500 hectáreas, donde ya se están aplicando estos nuevos métodos para revertir las emisiones de carbono.

El responsable de marketing operativo de la multinacional, Santiago Cerdá, explica que, dentro de la cadena de valor alimentaria, las grandes emisiones se producen en el sector de la ganadería con un importante impacto en la agricultura del suelo. La iniciativa pone en vanguardia directamente a los agricultores en su papel de productores primarios a través de nuevas fórmulas de producción pero a la vez también busca involucrar a las empresas en toda la cadena de valor alimentaria. «Este proyecto de Bayer en España cuenta con el asesoramiento de la Universidad Politécnica de Valencia y se basa en la gran variedad de cultivo que existe en nuestro país», recalca.

De esta manera, se ponen al servicio de los agricultores seleccionados herramientas de gestión que se encuentran actualmente en proceso de desarrollo para comprobar en un plazo de tres años los rendimientos alcanzados en cada una de las variedades donde se instala, estableciéndose un cálculo de emisiones en las cultivos antes y después del proceso. Los resultados servirán para el diseño y aplicación de una herramienta digital que estará a disposición de todos aquellos agricultores que lo deseen con un diseño fiable y fácil para comprobar las emisiones de carbono que emiten cada vez que cultivan sus tierras. «Se trata de reducir las labores de labranza, aplicando un abonado variable debido a que el arado de las tierra suele levantar del suelo mucho carbono; pero también adoptar el uso de cultivos de cobertura, las rotaciones de cultivo o la aplicación de nitrógeno de precisión», explica este experto. Este método pretende ‘secuestrar’ carbono en el suelo al tiempo que mejorar la salud, la resiliencia y la productiva del suelo, pero sobre todo limitar los créditos de carbono.

Los métodos a aplicar para los cultivos de secano resultan más sencillos pero para las producciones intensivas, como los de Waldo en Extremadura con el tomate de industria, «se complica más». La herramienta utilizada en ‘El Chaparrito’ es el cultivo de cobertura, es decir, especies fijadoras de nitrógeno más especies biocidas. La solución no es sencilla porque para reducir una tonelada de nitrógeno se necesitan 300 créditos de carbono, explica Cerdá. Este proyecto piloto trabaja en España en zonas de cultivo que no sobrepasan las 20 hectáreas.

Las labores de producción por el método tradicional, que lleva a levantar el suelo para cada nueva plantación, producen la emisión, aproximadamente, de una tonelada de carbono por cada hectárea. La meta es bajar estas emisiones un 30% y luego aplicar esta estrategia a todos aquellos productores e industrias agroalimentarias que estén interesados en aplicar este nuevo método, basado en la agricultura de precisión. En todos los casos se está aplicando el abonado variable según el mapa de rendimiento de la aplicación ‘FieldWiew’ o según también la variante del mapa de vegetación. En otros, se llegan a colocar en el abono inhibidores de la nitrificación.

«Me he involucrado en este proyecto desde el primer momento porque siempre tuve inquietudes en aprender a cultivar la tierra de una forma más sostenible con el medio ambiente», corrobora Waldo en su explotación agrícola de Pueblonuevo del Guadiana, que tampoco olvida las exigencias y retos de la nueva PAC. En estos tres años de aplicación de nuevas técnicas espera «ampliar mis conocimientos para ser más competitivo y obtener si es posible más rentabilidad a las tierras». Hace unos meses, recibió la visita de cuatro miembros de la Universidad Politécnica de Valencia que, junto a tres equipos de la multinacional (metodología, desarrollo y herramientas) han comenzado a asesorar en su día a día en el campo a este agricultor extremeño. «Se han llevado mucha cantidad de nuestro suelo para analizarlo, ver sus características y las emisiones actuales, y así luego poder comparar», confirma.

Los primeros resultados llegarán en breve tiempo, pero por el momento el cambio de hábitos en la labranza «no nos está resultado incómodo, ni mucho menos», advierte Waldo. Así, confirma que es fundamental no dejar el suelo descubierto entre cultivo y cultivo, por lo que se debe de aplicar una cubierta vegetal, además de la utilización de abono orgánico, y no pasar demasiadas horas en el laboreo para, entre otras cuestiones, «no gastar tanto combustible del tractor». En su finca suele plantar cada temporada alrededor de nueve millones de kilos de tomate, que luego, a través de la rotación, pasa a ser de trigo.

Además de en tierras extremeñas, este programa incluye en España a fincas de Lleida, Palencia, Murcia (dos fincas), Cantabria y Sevilla, con cultivos de maíz, cereal, tomate de industria, leguminosas, lechuga, apio, brassicas, ray-grass, quinoa y algodón.