Del exterior de Modric al cabezazo de Benzema: así fabricó el Madrid otra noche de gloria europea

El Real Madrid volvió a demostrar que lo inexplicable existe, es real, palmario y tiene su origen y su sentido en una noche europea en el Santiago Bernabéu. En un mal partido de los de Ancelotti, pesó de nuevo la historia, la experiencia y el ADN y, pese a la derrota, alcanzaron su décima semifinal de las últimas doce. 

Llegó el Chelsea a ponerse 0-3 -un global de 3-4-, con un pie en la siguiente ronda, pero el Real Madrid, con una camiseta blanca, un escudo redondito y muchas Copa de Europa, escribió otra página en la historia.

El primer gol blanco nació del exterior que hace grande al fútbol, el de Luka Modric, que puso con esa parte de su pie que se deberá exhibir en la sala de trofeos un balón que Rodrygo, que se crece en Champions, no desaprovechó. 

Siguieron los de Tuchel metiendo miedo, a un gol de darle otra vez la vuelta, con un Courtois a partes iguales salvador y propenso a generan infartos al aventurarse al regate -con el Madrid ya por delantre-; y llegadas continuas que, sin embargo, nada tienen que hacer ante la magia que se genera entre semana en un Bernabéu que lleva dos épicas seguidas para darle brillo a lo eterno.

Así, como pasan las mejores cosas, que rara vez las ves venir, un Vinícius hasta el momento desaparecido buscó la cabeza de Benzema para que el francés, que venía de marcar seis goles entre los dos anteriores partidos, lograra el que vuelve a poner de manifiesto que al Madrid jamás se le debe dar por muerto. 

Y el partido de Valverde. Y el de Camavinga. El Madrid ha alcanzado su 31ª semifinal de Copa de Europa, de 52 ediciones disputadas, en un tramo final de la temporada en el que, cuando parece que más le cuesta, más se inclina a mantener su matrimonio con la historia.