El deporte de EE UU estalla contra la nadadora trans Lia Thomas: un podio aparte y honores para la segunda

El pasado viernes, la noticia recorría el mundo: Lia Thomas arrasaba en los campeonatos universitarios de natación de Estados Unidos, la NCAA. Un titular meramente deportivo si no fuera porque la campeona absoluta es transgénero y su participación en las pruebas femeninas ha generado un enorme debate en el país norteamericano que se extiende a todo el mundo. 

Muchos sectores, entre ellos el formado por sus propias rivales, se sienten indignados por su presencia debido a la superioridad natural del sexo masculino. Thomas se sometió a tratamiento hormonal para reducir su testosterona, pero su abrumadora ventaja sobre las demás en la práctica del deporte es un escándalo. 

Tal es el rechazo del resto de nadadoras, que claman contra la injusta ventaja de Thomas, una total amenaza para el deporte femenino, que, a la hora de recoger las medallas, decidieron apartarse hacia el tercer cajón y lucir sus medallas de plata y bronce lejos de la de oro de la nombrada campeona, que consideran ilícita. 

Antes de transicionar en 2020, Lia Thomas competía en categoría masculina, donde figuraba en el puesto 462. Desde que compite contra mujeres no tiene rival en la piscina, como se aprecia en diversos vídeos en los que, cuando acaba la última posta, algunas rivales casi acaban de empezarla. 

La mayoría del público asistente a las finales del campeonato universitario en el que arrasó la deportista de Penn State no arrancó a aplaudir hasta que no concluyó la segunda clasificada que, para más inri y como descripción de la gravedad de la situación, es subcampeona olímpica en Tokio: Emma Weyant.

Los honores fueron para la plata en los pasados Juegos que, después de haber competido en lo más alto del deporte, la cita olímpica, no pudo con Thomas. Así de crudo. Recibió vítores y ánimos Weyant entre gritos de «es un hombre, es un hombre», en referencia a Thomas. 

Y en fin, Lia Thomas, como así se identifica y asegura sentirse, es mujer. Sin embargo, más allá de derechos sociales adquiridos, cabe poner sobre la mesa que sexo no es en ningún caso igual a género y que la amenaza de la inclusión de mujeres trans en el deporte femenino, y la evidencia biológica, pone en riesgo la igualdad en este y tira por tierra el esfuerzo de años, dejando a la mujer, como acostumbra a lo largo de la historia de la humanidad, en la casilla de los discriminados.

Es, por tanto, urgente que se regule esta participación y se fije de una vez por todas las leyes definitivas que tengan como objetivo número uno la protección del deporte femenino.  

Bajo este hashtag (en castellano ‘salvemos el deporte femenino’) se ha originado un movimiento a través de las redes sociales que clama por la protección del deporte practicado por mujeres, amenazado por la inclusión de personas que nacieron con sexo masculino y que gozan de ventajas físicas y naturales en competición. 


María Carbajo