El espacio ‘reconfigura’ los cerebros para adaptarlos mejor a vuelos largos, muestra un estudio en cosmonautas

El espacio ‘reconfigura’ los cerebros para adaptarlos mejor a vuelos largos, muestra un estudio en cosmonautas

Científicos analizaron por primera vez en las tomografías de cosmonautas las transformaciones que experimenta la fibra neural en condiciones de ingravidez y otros efectos del vuelo espacial.

Una larga estancia en el espacio deja ciertas modificaciones anatómicas en el cerebro del cosmonauta y persisten por lo menos varios meses, ha mostrado un estudio realizado en doce tripulantes rusos de la Estación Espacial Internacional.

Cambios significativos afectan a la microestructura de algunas áreas de materia blanca, ante todo los tractos sensoriomotores, resumieron los investigadores en un artículo publicado en la revista Frontiers in Neural Circuits el viernes pasado.

Su estudio se basó en las resonancias magnéticas de difusión tomadas semanas antes y cerca de 10 días después del vuelo espacial a los doce cosmonautas y también ocho escaneos de seguimiento, hechos 7 meses después de que regresaran a la Tierra (cuatro no participaron en este último diagnóstico).

El efecto, en el caso particular de estos tractos, se atribuye a la ingravidez, porque «un astronauta necesita adaptar drásticamente sus estrategias de movimiento, en comparación con la Tierra», según explicó el primer autor del estudio, Andréi Doroshin, colaborador científico de la Universidad Drexel (EE.UU.) para un comunicado que emitió la editorial. «Nuestro estudio muestra que el cerebro queda reconfigurado, por así decirlo», afirmó.

Todos los individuos que se sometieron a las pruebas habían participado en misiones muy largas, con un promedio de duración de 172 días. Esta experiencia les alteró concretamente el nivel de neuroplasticidad en las conexiones neuronales entre varias áreas motoras del cerebro en respuesta a las condiciones del vuelo, escribe el equipo investigador, una colaboración entre especialistas de Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos.

Los autores destacan que la ciencia ha llegado por primera vez a este nivel de conocimiento de la influencia del espacio al cerebro, mientras que las investigaciones anteriores solo habían demostrado que la modificación era posible y alteraría tanto la forma como la función de este órgano.

Cambios persistentes y posibles contramedidas 

El método de análisis con el que los autores del nuevo estudio procesaron las imágenes obtenidas por resonancia magnética se llama tractografía de fibra, detalló el físico Floris Wuyts, de la Universidad de Amberes, quien dirigió el proyecto. Este enfoque fue aplicado por primera vez a las personas que habían pasado meses en la órbita y pone al descubierto «una especie de circuito de cableado del cerebro», que mantiene los cambios adquiridos durante un promedio de 230 días después del regreso.

Donde se presumía que habría cambios estructurales en el cerebro, como en el cuerpo calloso, «solo observamos los cambios de forma», afirmó Wuyts. Los tractos de materia blanca del cerebro profundo que estuvieron en realidad afectados de manera estructural funcionan como canales de comunicación entre la materia gris, que procesa datos, y el cuerpo, o también entre distintas regiones de la materia gris.

Los escaneos de seguimiento mostraron que siete meses después de regresar al planeta, los cambios registrados en el primer escaneo posterior al vuelo todavía seguían presentes. Este descubrimiento, en opinión de los autores del estudio, sugiere la necesidad de encontrar contramedidas como aquellas que se toman en la EEI para compensar la pérdida de masa muscular y ósea por medio de los ejercicios físicos especiales.