El obispo de Costa Rica recibe a las misioneras de Teresa de Calcuta expulsadas por Daniel Ortega

El obispo de Costa Rica recibe a las misioneras de Teresa de Calcuta expulsadas por Daniel Ortega

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Daniel Ortega, sumergido hasta el cuello en su deriva autoritaria y conspiranoica, ha ejecutado la expulsión de las Hermanas de Teresa de Calcuta. «Es un honor que sus plantas pisen nuestra diócesis, las recibimos con todo el amor que se merecen por su servicio y entrega a Dios y a la Iglesia», les dio la bienvenida hoy en la vecina Costa Rica monseñor Manuel Salazar, obispo de Tilarán-Liberia.

Agentes sandinistas «acompañaron» a la frontera a 15 hermanas misioneras de la caridad, congregación fundada por la Madre Teresa de Calcuta para ayudar a los más pobres. Previamente, el órgano parlamentario del sandinismo había ejecutado la orden presidencial, al cancelar la personalidad jurídica de otro centenar de organizaciones no gubernamentales.

El siguiente paso a su expulsión es el cierre de una guardería, un hogar para jóvenes víctimas de abusos o abandono y un asilo de ancianos, todos ellos mantenidos por la orden religiosa en suelo nicaragüense. Los adolescentes aprendían oficios para reinsertarse en la sociedad, además de clases de música y teatro.

Según el informe elevado por el gobierno, las misioneras «incumplieron sus obligaciones» en cuanto a la ley de lavado de activos, la del financiamiento del terrorismo y a la proliferación de armas de destrucción masiva.

«Lamentamos profundamente el dolor de tantos hermanos nuestros, que ya no tendrán las atenciones que recibían de nuestras hermanas y así mismo les expresamos nuestra gratitud por su invaluable servicio a nuestras iglesias locales. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a dios», proclamó en un comunicado el cardenal Leopoldo Brenes.

«Los lobos quieren que la Iglesia sea como un grupo de corderos callados y ciegos, insensibles ante los conflictos, las injusticias y el dolor de la gente. No es así como Jesús pensó en su iglesia», criticó en su homilía monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua desde Estados Unidos. Convertido en un símbolo de la lucha contra la dictadura, el Papa Francisco decidió contentar a Ortega trasladando a Báez desde la capital nica hasta Miami.

Lo más pintoresco de la maniobra gubernamental es que las misioneras aterrizaron en Managua por primera vez después de la visita oficial de la Madre Teresa de Calcuta en 1988, en el primer periodo de la presidencia de Ortega. El viaje tuvo gran repercusión regional.

«Esto es una declaración de odio a la Iglesia, a su labor de caridad y evangelizadora. Mandaron a policías a tumbar portones y puertas en una demostración de poder para atemorizar y generar terror entre la población», advirtió el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

«¿Qué hacían estas monjas en Nicaragua? Obras de caridad para los más desvalidos dentro de sus limitadas circunstancias. La dictadura las expulsó, ¿qué gana con ello? No hace otra cosa que desnudarse, ese discurso hipócrita, discursos pseudoreligiosos y pseudocristianos, son en realidad discursos herejes. ¿Qué amenaza pueden representar estas monjas? ¿Lavaban dinero? No, simplemente cumplían una misión cristiana que para los satánicos que están en el poder les aterroriza», denunció desde el exilio el analista Enrique Sáenz.

Diócesis de Tilarán-Liberia

La congregación de estas misioneras es una entre las casi mil ONG castigadas por la revolución sandinista, que comenzó juzgando y condenando a la Fundación Violeta Barrios, creada por la ex presidenta, conocida como la Madre de la Democracia en el país centroamericano. El régimen usó esta vía para apresar y condenar a Cristiana Chamorro, al frente de la fundación, principal favorita para ganar las elecciones del año pasado.

Entre las organizaciones clausuradas se encuentra también la Academia de la Lengua de Nicaragua, cuyo cierre provocó un aluvión de críticas desde España. El diputado oficialista Gustavo Porras defendió las acciones contra las organizaciones nacionales e internacionales durante la última embestida, definiéndolas como «un trabajo de limpieza» contra los «instrumentos del neoliberalismo».