El país donde correr es un crimen que se paga con cárcel

El país donde correr es un crimen que se paga con cárcel

Tras la guerra civil en Burundi, que dejó al menos 300.000 víctimas mortales, el entrenador y educador de entrenamiento físico Pierre Nkurunziza fue declarado presidente de la nación en el 2005. Él había sido un rebelde Hutu durante las disputas entre Hutus y Tutsis, que como en Ruanda se convirtieron en ataques que llevaron a la persecución étnica.

A diferencia de Ruanda, en donde casi un millón de personas fueron asesinadas en menos de un año durante el genocidio, Burundi no recibió apoyos para frenar la violencia. Es una nación de África Central sin salidas marítimas, vecina de la nación ruandesa en la que la guerra civil se extendió durante 13 años.

Aunque Nkurunziza inicialmente se montó con un discurso de unión étnica en el país, recordando que su madre era Tutsi y su padre Hutu, pronto aparecieron escándalos sobre la corrupción en su gobierno y esto se volvió motivo para que los jóvenes se unieran en oposición al poder que representaba.

Tras la firma del Acuerdo de Paz de Arusha se prohibió que en Burundi un presidente pudiera ser reelegido para un tercer término, por lo que en teoría, Nkurunziza debería haber salido del poder en el 2015. Sin embargo, con la excusa de que había sido nombrado presidente en el 2005 por ministros, aún le restaba una reelección posible en elecciones democráticas.

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El Acuerdo de Arusha también determinó que todas las posiciones gubernamentales debían repartirse en un 60% Hutus y un 40% Tutsis, pero el partido de Nkurunziza defendía que era injusto que los Tutsi ocuparan tantos cargos si tan sólo representaban el 14% de la población.

Un presidente deportista

Pierre Nkurunziza logró estudiar educación física gracias a su capacidad de practicar casi cualquier deporte. En Burundi, se posicionó como un presidente que defendía hacer ejercicio, incluso, según reportó la ‘BBC’ en el 2014, jugaba fútbol diariamente.

Pierre Nkurunziza fue presidente de Burundi durante 15 años.

Foto:

AFP

Durante los tiempos de la guerra civil en el país, los ciudadanos tendían a salir en grupo a trotar y correr, pues así se sentían más a salvo, mientras que los militares, controlados por los Tutsi a causa de un decreto del gobierno belga antes de su independencia en 1962, iban en pasarela mientras hacían cánticos que llamaban a la violencia.
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Con el tiempo, para los habitantes de Burundi, trotar se convirtió en un acto de resistencia a parte de un simple ejercicio físico. Durante mucho tiempo, hasta el fin de la guerra civil en el 2005, los corredores se unían a clubes deportivos con afiliaciones políticas a cada etnia y partido.

Posteriormente, buscaron unificar equipos con miembros de ambas etnias y por mucho tiempo funcionó, pero la inestabilidad en el país continuó y muchos culpaban al gobierno de Nkurunziza por mantenerse en el poder de manera irregular.

Prohibir correr, una pena que podía llevar a la cárcel

Según pudo constatar el reportero Peter Frick-Wright mientras trabajaba en Burundi en un artículo sobre correr como deporte, para el medio especializado ‘Outside’, uno de los grandes críticos de Nkurunziza era el periodista de radio Tutsi: Alexis Sinduhije.

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Sinduhije reportó diferentes historias en ‘Radio Publique Africa’ sobre casos de corrupción del entonces presidente y cofundó el partido de oposición Movimiento para la Solidaridad y la Democracia (MSD).

Eventualmente, Sinduhije abandonó el periodismo y decidió que se lanzaría como candidato presidencial contra Pierre Nkurunziza. Para el 2014, era obligatorio que se pidiera permiso directo al gobierno cuando se organizaran manifestaciones.

El MSD aprovechó la práctica nacional de correr en grupo para organizar una marcha en protesta al gobierno de Nkurunziza, que se había vuelto más sangriento, con denuncias de que los miembros de las fuerzas armadas torturaban a periodistas y opositores, y participaban en violaciones en manada.

La Policía se enteró del plan del MSD y decidieron que arrestarían a cualquiera que trotara en grupos grandes. Aún así lo hicieron. Los manifestantes corrieron hasta la sede del partido en donde intentaron esconderse por unas horas. Las autoridades hirieron a diez personas y arrestaron a decenas, algunos recibieron cadenas perpetuas en prisión.

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A partir de ese momento, para poder correr en Burundi, es obligatorio inscribirse en un club de corredores, reportar los nombres de todos los miembros ante el gobierno y limitarse a entrenar en una de las nueve zonas designadas para el deporte, pues correr en grupo se asoció directamente con un acto de oposición contra el gobierno.

Los individuos pueden seguir corriendo sin levantar sospecha, pero dada la tradición en el país de correr en grupos, esta práctica no es tan generalizada. En el 2020, el presidente Pierre Nkurunziza declaró que no se lanzaría a una tercera reelección y falleció en junio del mismo año.

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