El plástico no frena ni con la pandemia y ya hay 139 millones de toneladas en mares y ríos: «Es un auténtico desastre»

El plástico no frena ni con la pandemia y ya hay 139 millones de toneladas en mares y ríos: «Es un auténtico desastre»


GUILLERMO DEL PALACIO

Actualizado Miércoles,
23
febrero
2022

00:40

La producción de plástico continúa creciendo -se duplicó entre los años 2000 y 2019- y ni siquiera la pandemia pudo frenar su avance. Según un informe publicado por la OCDE, de hecho, incrementó los residuos procedentes de plásticos de un solo uso. Además, el porcentaje de este material que termina reciclado, si bien varía por zonas, rara vez supera el 14% (media de los países de la OCDE de la Unión Europea) y a nivel global se queda en un 9%.

Así, el informe refleja que el uso de plásticos se redujo un 2,2% en 2020 respecto al año anterior, pero la pandemia también trajo mayor utilización de los de un solo uso (en parte, de hecho, por las necesidades sanitarias, con guantes, mascarillas y envoltorios). La recuperación de la actividad económica, apuntan, también implicó un incremento en el consumo de este bien.

La OCDE lamenta asimismo que la crisis del coronavirus haya «exacerbado la contaminación por plástico». Es decir, no sólo se utilizaba más el material en funciones de usar y tirar, sino que esta segunda acción de tomaba de forma literal y bolsas o mascarillas terminaban en las calles.

Este es, de hecho, otro de los problemas y retos que plantea un mundo plastificado: la basura mal gestionada se convierte en la ‘puerta’ por la que llegan los macroplásticos -todo lo que tenga más de cinco milímetros de diámetro, lo que supone el 88% del total- al entorno. Los microplásticos, por su parte, provienen de fuentes tan diversas como el desgaste de los neumáticos o los frenos de los vehículos o la limpieza de productos textiles. Entre ambos llegaron 22 millones de toneladas al entorno tan solo en 2019.

«Es un verdadero desastre», se lamenta Carlos Arribas, responsable de residuos de Ecologistas en Acción. En su opinión «hay que acotar el tema del plástico de un solo uso» y la forma de hacerlo es «en origen». Ya se están tomando medidas -Arribas menciona el impuesto a este producto y la modificación del Real Decreto de envases- y, al mismo tiempo, aumentar el uso del material reciclado. En resumen, apunta el ecologista, ir a donde duele: las carteras. «En una sociedad capitalista y de mercado, la única forma de lograrlo es con impuestos ambientales«.

«Cuando se toca el bolsillo a las empresas o los particulares cambian las conductas», reconoce Arribas. La OCDE, sin embargo, es más pesimista y considera que estas herramientas, adoptadas ya por más de 120 países, «no están haciendo lo suficiente para reducir la contaminación global». El problema es que la mayoría de estas legislaciones se limitan a actuar contra objetos concretos como las bolsas «que constituyen una parte diminuta de los residuos plásticos». Se trata, por lo tanto, de medidas más efectivas en la reducción de las basuras que ensucian las calles, pero no en la del consumo general del material.

Mientras, la producción anual de plástico ya llegó a los 460 millones de toneladas en 2019 -últimos datos disponibles-, según la OCDE. Por comparar, el milenio comenzó con 234 millones de toneladas, prácticamente la mitad. Más preocupante es el aumento de los residuos, que no sólo han ido de la mano, sino que han aumentado a un ritmo mayor: de 156 millones de toneladas en el año 2000 pasaron a 353 millones en 2019.

Las consecuencias se notan ya en el planeta y repercuten con fuerza en los entornos acuáticos, donde ya hay más de 139 millones de toneladas de plásticos. La gran mayoría, 109 millones, está en los ríos, mientras que 30 millones adicionales llegaron a los océanos. Sólo en el año 2019, lamenta la organización, se acumularon 6,1 millones de toneladas de este material en ríos, lagos y mares. De hecho, hay tanto acumulado en los ríos, que incluso aunque se redujese significativamente el problema, toneladas de plásticos seguirían desembocando en los océanos del planeta durante décadas.

A la hora de señalar culpables, Arribas recuerda que «la mayor parte de los plásticos que acaban en el mar son envases» y esto apunta directamente a la responsabilidad ampliada del productor. Esto no quiere decir que los ciudadanos y usuarios lo hagan bien, pero su alcance es menor.

El estudio de la OCDE revela que, a pesar de que se recoge un 15% del plástico para ser reciclado, el 40% termina de éste termina siendo desechado como residuo. En total, a nivel global se recicla un 9%, se incinera un 19%, un 50% termina en vertederos y un 22% evade los sistemas de gestión de residuos (puede terminar en vertederos ilegales, hogueras abiertas o, sencillamente, el entorno).

Los datos en zonas más concretas no revelan ninguna que pueda sacar pecho y erigirse como espejo en el que el planeta deba verse reflejado. El 14% de reciclaje de plásticos de los países de la UE miembros de la OCDE (donde cada ciudadano produce de media 114 kilos de residuos plásticos al año) es el dato más halagüeño. En segunda posición aparece 13% que comparten China e India, donde contrasta con unos altos porcentajes de plástico descontrolado (27% y 46%, respectivamente).

Arribas coincide en este pesimismo. «Los datos de la patronal del plástico en España establecen que, como máximo, se está reciclando alrededor de un 33%», explica. Sin embargo, en ese porcentaje también se considera reciclado lo que se exporta a terceros países, cuando «de ninguna manera se justifica que estos efectivamente reciclen ese plástico y tengan las infraestructuras suficientes como para gestionar y tratar ese residuo en las mismas condiciones que se hace en España».

En este sentido, el responsable de residuos de Ecologistas en Acción considera que influye mucho el escaso valor del plástico de mala calidad, que, al no tener salida en el mercado, se acumula en vertederos o plantas de reciclaje y muchas veces acaba en llamas -«los incendios son constantes», cuenta- o pasa sus días a la intemperie.

La esperanza la da el hecho de que el plástico que sale de plantas de clasificación de envases, que llega desde los contenedores amarillos, sí puede valer entre 100 y 200 euros por tonelada, por lo que tiene salida comercial. Constituye parte de ese 9% del total que se recicla a nivel global que, a su vez, no termina en el agua.