El valor del consenso

El valor del consenso

En tiempos convulsos, de confrontación y de cambio, el valor del consenso como elemento de cohesión y progreso se incrementa exponencialmente.

El acuerdo alcanzado en la Mesa de Dialogo Social entre los interlocutores sociales es una excelente noticia para todos porque nace de la negociación y del pacto, señas de identidad de una interlocución madura. Seguramente no será el texto que todos querían, vista la modulación de las propuestas que se han formulado a lo largo de este proceso, pero sí el único posible teniendo en cuenta las limitaciones temporales existentes y las posiciones iniciales de quienes han negociado.

Son varias las asignaturas pendientes de nuestro mercado laboral pero, sin duda, la brecha entre trabajadores fijos y temporales constituye un espacio en el que era necesario actuar. No sólo por el lugar en el que estadísticamente nos coloca en comparación con los otros países de la UE sino también por el impacto de dicha brecha en nuestra economía y, por extensión, en nuestra sociedad.

A tal fin, el texto acordado por los interlocutores sociales reordena y actualiza la contratación temporal mediante la puesta al día de algunos de los contratos de duración determinada, concretamente el de circunstancias de la producción y el de interinidad, y la eliminación de otros, como el tradicional contrato de obra o servicios que cuando se publique la nueva norma habrá desaparecido de nuestro marco laboral.

Las medidas para combatir el exceso endémico de temporalidad de nuestro mercado laboral se complementan con dos propuestas adicionales. De un lado, la reducción de los periodos de encadenamiento de contratos temporales que pasa a ser de dieciocho meses en un período de veinticuatro meses. De otro, el refuerzo de la figura del contrato fijo-discontinuo como elemento que permita dar estabilidad a aquellas personas trabajadoras que prestan servicios en actividades que no se adecúen a las causas de la contratación temporal.

Otro de los pilares del acuerdo alcanzado es el refuerzo del papel de la negociación colectiva como elemento de mantenimiento y garantía de derechos. Además del restablecimiento de ultraactividad de los convenios al término de su vigencia, el texto acordado dispone la preponderancia del convenio de sector sobre el de empresa en materias tan relevantes como el salario. Adicionalmente, a partir de la entrada en vigor de la nueva norma, a las contratas y subcontratas les será de aplicación el convenio del sector de la actividad concreta que desarrollen con su cliente y no el de la propia empresa contratista.

Por lo demás, recogiendo mecanismos de preservación del empleo puestos en marcha con éxito durante la pandemia, se refuerzan ahora los mecanismos de flexibilidad interna. Para ello, se incorpora con carácter estructural a la norma laboral los ERTES COVID y se actualiza la regulación de los ERTES de fuerza mayor. Asimismo se crea el denominado Mecanismo RED para gestionar las necesidades de regulación del empleo en una coyuntura económica adversa o en sectores con necesidades de recualificación y transición de determinados sectores.

En definitiva, este acuerdo es una muestra de responsabilidad de los interlocutores sociales que debe ayudar a que el mercado de trabajo se adapte a los actuales retos y también a aquellos desafíos que plantea el futuro del trabajo.

David Díaz es socio laboral del bufete Baker McKenzie