¿Existe la casa feminista? Así serán las viviendas con perspectiva de género

¿Existe la casa feminista? Así serán las viviendas con perspectiva de género

Quizá nunca se lo haya planteado, pero puede que en unos años viva en una casa feminista, pensada y creada para acabar con las «desigualdades de género y fomentar la conciliación familiar y la corresponsabilidad en los cuidados». Si reside en la Comunidad Valenciana o en Euskadi, sus posibilidades aumentan. Ambas comunidades están avanzando en la creación de guías y normas que aborden el diseño de la vivienda desde la perspectiva de género, aportando un conjunto de recomendaciones para la integración de aspectos relevantes de la «arquitectura feminista», que comenzará por las viviendas públicas para acabar impregnando también al sector privado.

¿Qué es una casa feminista? Aquella que favorezca en la vida cotidiana la tarea de los cuidados y la conciliación familiar y laborar, pero también que proporcione seguridad a las mujeres. La traducción práctica de esta definición la ha recogido por primera vez en Europa la Conselleria de Vivienda y Arquitectura Bioclimática del Gobierno Valenciano en una guía de propuestas que a partir de ahora se tendrán en cuenta en los procesos de licitación de proyectos piloto de vivienda pública y, de manera progresiva, se extenderán a todo el sector aportando directrices, sugerencias y recomendaciones. En el caso de Euskadi, muchas de estas recomendaciones estarán reflejadas en el Decreto de Habitabilidad que ultima su gobierno y que será de obligado cumplimiento.

En esta guía, elaborada por la directora de la Cátedra Unesco de Género de la Politècnica de Madrid, Inés Sánchez de Madariaga, y la profesora de Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de la Politècnica de València, Inés Novella, se recogen una serie de estándares que dan pistas. «No es una lista de recetas, pero sí pretendemos cambiar la mirada y aplicar la perspectiva de género. La arquitectura es un ladrillo más en la pared del feminismo», explica a EL MUNDO Novella, que no cree que adaptar las viviendas a esta mirada femenina sea condicionar que el papel de la mujer como cuidadora.

«Vamos a hacia la corresponsabilidad, pero la incorporación de los hombres a los cuidados va mucho más lenta que la de la mujer al trabajo. Estadísticamente, aún en 2022, es una tarea de las mujeres y lo que pretendemos es apoyar esa realidad femenina, apoyar a las mujeres en su vida cotidiana para que sea más fácil conciliarlo todo. El objetivo es ponerlo todo más fácil al cuidador, sea mujer o hombre, y a los cuidados», recuerda.

Una vivienda feminista, como principio, debe estar adaptada al modelo de cada familia, a su actividad, sobre todo con el aterrizaje del teletrabajo, y debe estar preparada para adecuarse y dar respuesta a sus necesidades en las distintas fases de la vida. Por eso los dormitorios deberían tener 10-12 metros cuadrados y ser todos similares, para no crear jerarquías y favorecer que un día puedan ser compartidas o cambiar de uso. Por eso ninguno debería tener baño integrado. En los aseos debe primar que puedan ser usados al tiempo por más de una persona, aislando el inodoro del resto de la estancia, y, al menos uno de la casa, deberá ser plenamente accesible. Otro aspecto importante es que tengan luz y ventilación natural.

La cocina ya no se concibe como un espacio aislado del resto de la zona de día sino que se recomienda su conexión con el comedor, espacial o visualmente para permitir la interrelación. Nada de orientaciones a patios interiores sin luz natural. Debería tener menos al menos siete metros cuadrados, con tres lineales de bancada, y una buena capacidad de almacenaje alineado de manera que favorezca la autonomía, por ejemplo, de los menores. Pero lo esencial es que pueda ser usada de forma simultánea por más de una persona.

La arquitectura feminista, y esta guía, ponen especialmente la mirada en dignificar una tarea que ni siquiera tiene espacio en las viviendas: la colada. Una casa feminista tiene que tener un espacio de al menos tres metros cuadrados para ubicar la lavadora, secadora, tabla de planchar o ropa sucia. Además, accesible y conectado con el espacio exterior, sin que sea tendederos semiocultos y de difícil acceso.

A estas recomendaciones se suman el espacio de almacenaje, de 1,5 metros por persona, aperturas generosas a la fachada, para facilitar la luz y la ventilación cruzada, y además terrazas o balcones de 1,20 metros que permitan realizar actividades al aire libre como comer, estudiar o jugar. Esta es una de las cuestiones más reivindicadas en la pandemia y que llevó a la Generalitat a fijarse como objetivo a cumplir en seis meses la edición de este manual. «Nos ha demostrado hasta qué punto la calidad y características arquitectónicas de la vivienda pueden llegar a condicionar la calidad de vida y dio visibilidad a muchas desigualdades que con esta perspectiva potencian la solución», recuerda el vicepresidente tercero y conseller de Vivienda, Héctor Illueca.

La guía también hace referencia a las zonas comunes, que también deben tener en cuenta el elemento de seguridad. «Esto sí que afecta especialmente a las mujeres. Ante el incremento de la violencia que necesitan protección en el entorno construido para eliminar la percepción del riesgo», asegura la arquitecta. Eso pasa por zaguanes sin rincones ni escondites, con luz natural y puertas acristaladas, garajes con lucernarios o comunicación entre viviendas a modo de corrala, con pasillos abiertos.

Espacio para carritos, bicis, zonas infantiles o de socialización en comunidad son esenciales como espacios de interrelación para tejer redes de apoyo y crear comunidad, aunque debe ser sin perder la relación con el entorno. «Hay que saber enganchar estas comunidades a cada entorno, porque no se trata de sacar la vida de la calle para encerrarla en una comunidad de vecinos», advierte Novella.

Esta guía tiene aterrizaje perfecto en la nueva construcción de edificios o barrios enteros, justo un modelo que en las grandes ciudades se da menos. «La tendencia es la regenerar y rehabilitar barrios consolidados, pero sí es una herramienta perfecta para fomentar una nueva mirada en la reconversión de los todos espacios», sentencia.