Fernando Alonso y sus opciones para 2022: por qué tener un ‘camión’ medio segundo más lento no es mala noticia

Hay ciertos clichés que se repiten en la Fórmula 1 desde su nacimiento: los puntos se reparten el domingo, los neumáticos siempre son clave y no hay campeón sin un coche dominador. Si bien los dos primeros son inamovibles (con matices, porque los fines de semana en formato sprint también se puntúan los sábados), el tercero tiene sus matices.

El mejor ejemplo es Fernando Alonso. Dos veces campeón del mundo, pero en ninguno de los casos con un coche netamente superior. En 2005 empezó muy bien, pero la labor de desarrollo de McLaren hizo que Renault llegara con la lengua fuera a la cita clave de Brasil. En 2006 fue casi peor: la prohibición del ‘mass dumper’ a mitad de temporada hizo que, tras encadenar seis victorias y tres terceros puestos, solo ganara una de las siguientes nueve carreras. Con el mismísimo Michael Schumacher persiguiéndole, sostuvo el título.

Ir a los años de gloria de Alonso tiene una explicación. El asturiano es uno de los pocos pilotos de la parrilla que no necesita un coche muy superior como un elemento ‘sine qua non’ para ser competitivo. Se le atribuye una frase de su época en Ferrari que no puede ser más significativa: «Dadme un coche medio solo segundo más lento, que ya me encargaré yo de ganar carreras».

Otro de los tópicos clásicos de la Fórmula 1 es que cada temporada se empieza en blanco y que nadie sabe bien en qué posición exacta están. Esta táctica de póker, muy manida, suele emplearse tanto en la zona alta de la parrilla como en la baja, pero obviamente nadie espera que Alfa Romeo o Haas estén peleando por victorias. Red Bull, Mercedes y Ferrari estarán arriba casi seguro, aunque el orden sea más difícil de predecir.

Más dudas hay sobre lo que pase detrás. Ni Alpine ni McLaren, que teóricamente deberían optar a colarse en esa terna, han tenido una pretemporada exenta de problemas, ni mucho menos. Los fallos de refrigeración de los primeros y de frenos de los segundos (amén de la ausencia de Daniel Ricciardo por Covid) lastraron sus planes de trabajo, si bien los franceses salvaron la situación y acabaron en alto.

Por rendimiento puro, sin embargo, que nadie espere una pole de Alonso u Ocon este sábado en Sakhir. El trabajo de desarrollo de Alpine durante estos meses se ha centrado en mejorar la unidad de potencia, pero también encontrar el camino óptimo en el diseño (y el posterior paso adelante) del chasis en sí. 

La normativa de este año permite desarrollar diferentes caminos de evolución, y desde el equipo anglofrancés ya tienen claro los puntos a mejorar. En la primera carrera montarán una modificación del suelo, pero «hay un plan amplio para la cuarta o quinta carrera, cuando llegará el primer gran paquete de mejoras», según avanzó Alan Permane, director deportivo de la escudería. 

Quizá por eso la sonrisa con la que acabó Alonso en los test es la mejor noticia posible: esperan que el ‘camión’ azul y rosa sea ‘sólo’ medio segundo más lento. En ese caso, el asturiano y Ocon (que ha demostrado más que de sobra que está a la altura del reto) pueden dar el resto. Habrá que ver si el paso adelante es suficiente o se quedará corto frente al de sus rivales. Lo que sí parece claro es que no arrancarán tan mal como en 2021. En las primeras carreras del año pasado, pasar de la Q1 se veía como un logro.

Conforme avanzó la campaña fueron creciendo en prestaciones, hasta el punto de lograr una victoria en Hungría y un podio en Catar. En buena medida, tanto el coche como sus pilotos mejoraron. Si, como se prevé, la lucha en los puestos altos va a ser muy igualada, los que vengan por detrás podrán aprovecharlo y solo entonces Alonso y Ocon podrán hincarles el diente.