Filtración pone sobre la mesa abusos del Gobierno chino contra los uigures

Filtración pone sobre la mesa abusos del Gobierno chino contra los uigures

China enfrenta una nueva tormenta política tras una masiva filtración periodística que acusa al Gobierno de respaldar “al más alto nivel” la represión contra la minoría uigur en Xinjiang, filtración que coincidió además con la visita a esta región de la jefa de derechos humanos de la ONU, Michelle Bachelet.

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El Partido Comunista chino está acusado de retener a un millón de uigures y otras personas de minorías musulmanas en centros de detención en esta remota región occidental donde Estados Unidos y parlamentos de otros países denuncian un “genocidio”.

Pekín, por su parte, lo define como “la mentira del siglo” y asegura que estos campos son centros de formación profesional para mantener alejados a la población del separatismo y el islamismo que azotan a esta región.

Pero el panorama se agravó esta semana tras la revelación de “Los archivos policiales de Xinjiang” por parte de un consorcio de medios internacionales, incluidos la británica BBC, el francés Le Monde o el español El País. 

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Fueron entregados por una fuente anónima al investigador alemán Adrian Zenz, el primero que acusó en 2018 al régimen chino de haber internado a más de un millón de
uigures en centros de reeducación política.

El archivo, según BBC, revela en detalle el uso de China de campos de “reeducación» y detenciones masivas de uigures. Según la cadena, los documentos proporcionan algunas de las pruebas más sólidas hasta la fecha de una política dirigida contra cualquier expresión de identidad, cultura o fe islámica uigur, y de una cadena de mando que llega hasta el líder chino, Xi Jinping.

Los archivos pirateados contienen más de 5.000 fotografías policiales de uigures tomadas entre enero y julio de 2018, y, utilizando otros datos adjuntos, se puede demostrar que al menos 2.884 de ellos han sido detenidos.

Entre los documentos filtrados figuran más de 2.800 fotos de identidad de detenidos, incluyendo la de Zeytunigul Ablehet, una adolescente de 17 años detenida por haber escuchado un discurso prohibido, y de Bilal Qasim, 16 años, presuntamente condenado por su relación con otros prisioneros.

Anihan Hamit, de 73 años en el momento de su detención, es la más anciana de la lista.

Se ha demostrado que personas uigures (incluso de corta o muy avanzada edad) siendo condenadas a decenas de años de prisión por “presentar indicios sospechosos de extremismo” como no beber alcohol o, incluso, por ser familiares de otra persona detenida. pic.twitter.com/YRIUkmwUJ9

— Curro Peña 🏳️‍🌈🌻 (@Currikitaum)

May 24, 2022

Otra imagen muestra a guardias armados con porras intentando controlar a un prisionero encadenado.

Documentos escritos acreditan por su parte la tesis de una represión ordenada por las más altas esferas del Estado chino. Un discurso atribuido al ministro de la policía Zhao Kezhi en 2018 dice, por ejemplo, que el presidente Xi Jinping ordenó la ampliación de los centros de detención.

Según Zhao, al menos dos millones de habitantes del sur de Xinjiang estarían «seriamente influenciados por la infiltración del pensamiento extremista».

Los uigures representan cerca de la mitad de la población del Xinjiang (26 millones de habitantes). 
En un discurso de 2017, Chen Quanguo, entonces jefe de la región, ordenó a los guardias matar a balazos a aquellos que intenten escapar y «vigilar estrechamente a los creyentes».

Pekín rechazó categóricamente las conclusiones de Zenz.

Sería muy difícil imaginar que un esfuerzo sistemático para conducir una campaña de genocidio no tuviera la bendición de los más altos niveles del Gobierno

Tras salir a la luz la denuncia, la ministra británica de Asuntos Exteriores, Liz Truss, dijo que los detalles sobre violaciones de los derechos humanos en Xinjiang se suman a “los testimonios de primera mano, imágenes de satélites y visitas de diplomáticos a la región”.

“Nuevas pruebas muestran el extraordinario alcance de los ataques de China contra los musulmanes uigures y otras minorías étnicas, incluido el trabajo forzoso, las severas restricciones a la libertad de religión, la separación de los padres de sus hijos, el control forzoso de la natalidad y el encarcelamiento masivo”, añadió.

Por su parte, el portavoz de la diplomacia estadounidense, Ned Price, aseguró que estaban “consternados por los reportes” y afirmó que “sería muy difícil imaginar que un esfuerzo sistemático para conducir una campaña de genocidio no tuviera la bendición de los más altos niveles del Gobierno”.

El acceso de Bachelet a la región china, bajo escrutinio

Por su parte, China calificó la misión de la jefa de derechos humanos de la ONU como una oportunidad para «aclarar desinformaciones» antes de su visita a la región de Xinjiang, donde miembros de la minoría uigur advirtieron que podría convertirse en una maniobra de relaciones públicas de Pekín.

Uigures en el exilio reclamaron firmeza a la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, en su visita a la región occidental de Xinjiang, donde dicen enfrentar una persecución que legisladores de Estados Unidos y otros países califican como «genocidio».
 
Con su viaje de seis días, la expresidenta chilena es la primera responsable de derechos humanos de la ONU en acudir desde 2005 al gigante asiático.

En un encuentro con Bachelet el lunes en Cantón, el ministro chino de Relaciones Exteriores Wang Yi «expresó la esperanza de que esta visita ayude a reforzar la comprensión y la cooperación y a aclarar la desinformación», indicó su despacho en una nota.

El texto no hizo referencia a Xinjiang, una región remota donde el Partido Comunista está acusado de retener a un millón de uigures y otras personas de minorías musulmanas. 

Bachelet

Foto:

Martizial Trezzini

En su informe de la reunión, la agencia estatal de noticias Xinhua dijo que Bachelet «felicitó a China por sus importantes logros en el desarrollo económico y social y en la promoción de la protección de los derechos humanos».

El portavoz de Bachelet no confirmó a AFP lo que se dijo fuera de los comentarios iniciales. Nursimangul Abdureshid, una uigur radicada en Turquía, comentó: «No tengo mucha esperanza de que su visita traiga cambios».

«Les pido que visiten a las víctimas, como mi familia, no las escenas preparadas por
el gobierno chino», declaró a AFP. 

«Si el equipo de la ONU no tiene acceso ilimitado en Xinjiang, no podré aceptar sus informes», agregó.

Bachelet visitará entre el martes y el miércoles las ciudades de Urumqi y Khashgar en
Xinjiang. «Espero que pueda preguntar al gobierno chino sobre el paradero de mi madre», dijo Jevlan Shirement, un uigur de 31 años exiliado en Turquía que hace cuatro años que no sabe de su progenitora.

Temas ‘importantes y delicados’

La capital regional Urumqi, con una población de cuatro millones, acoge los principales órganos de gobierno que habrían organizado esta campaña que China describe como enfocada contra el extremismo religioso.

También es hogar de una importante comunidad uigur y fue escenario de choques étnicos en 2009 y de dos ataques terroristas en 2014.

Por su parte, Kashgar, con 700.000 habitantes, yace en la cuna de la comunidad uigur en el sur de Xinjiang.

Antigua etapa en la Ruta de la Seda, esta ciudad ha sido escenario principal de la campaña de Pekín según activistas e investigadores, que acusan a las autoridades de rellenar este centro cultural de alta tecnología de seguridad mientras derrumba casas de uigures y lugares religiosos.

Las afueras de ambas ciudades están repletas de lo que se creen campos de detención, parte de una amplia red de instalaciones que se han construido recientemente por todo el país.

ONG han expresado preocupación de que las autoridades chinas impidan a Bachelet realizar una investigación exhaustiva de las presuntas vulneraciones de derechos y Estados Unidos mostró su inquietud por la falta de garantías previas sobre qué podría visitar.

«Nos preocupa mucho que esta visita traiga pocos beneficios para víctimas y activistas a un costo político muy alto», declaró Raphael David, del International Service for Human Rights.

La policía reprime a unos manifestantes en Hong Kong que salieron a protestar en favor de los Uigures, una minoría étnica china de religión musulmana. (Archivo)

Foto:

DALE DE LA REY, AFP

«Bachelet tiene que entender que está en juego la confianza mundial en la ONU y la capacidad de su propia oficina de responder a una crisis de derechos humanos en una potencia mundial», agregó David En Cantón, donde se reunió con Wang Yi, Bachelet aseguró que discutirá «algunos temas muy importantes y delicados».

«Espero que esto nos ayude a crear confianza», dijo.
La chilena también mantuvo encuentros telemáticos con los titulares de unas 70 misiones extranjeras en China, según fuentes diplomáticas, que dijeron que les dio garantías de su acceso a centros de detención y defensores de las libertades. 

La oficina de la Alta Comisionada informó también de reuniones con organizaciones
de la sociedad civil, representantes empresariales y académicos. Además de detenciones masivas, investigadores y activistas denuncian que las autoridades chinas han desplegado una campaña de trabajos forzados, esterilización de mujeres y destrucción del legado cultural uigur en Xinjiang.

Los miembros exiliados de esta comunidad han celebrado manifestaciones en semanas recientes presionando a Bachelet para que visite a sus familiares detenidos en la región.

REDACCIÓN INTERNACIONAL
*Con información de AFP y EFE.

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