«Fue un acto premeditado, cogí la escopeta y apreté el gatillo»: un hombre confiesa el asesinato deliberado de su esposa tras negarlo durante 13 años

«Fue un acto premeditado, cogí la escopeta y apreté el gatillo»: un hombre confiesa el asesinato deliberado de su esposa tras negarlo durante 13 años

Un criador de caballos de Nueva Zelanda se ha declarado culpable de asesinar a su esposa, aunque durante más de una década insistió que la muerte, que se produjo por un disparo a bocajarro, fue accidental.

Este lunes se declaró culpable de asesinato premeditado un neozelandés que durante 13 años insistió en que había matado a su esposa de manera no voluntaria días después de que ella le anunciara su intención de dejarlo, informa New Zealand Herald.

El criador de caballos Greg Meads compareció ante una Junta de Libertad Condicional tras cumplir una sentencia mínima de 11 años. Admitió haber matado deliberadamente de un disparo a corta distancia a su esposa Helen en septiembre de 2009 en su granja en Matamata, a unos 120 kilómetros de Auckland, aunque durante más de una década mantuvo que el disparo fue accidental. «Sí, fue un acto premeditado, cogí la escopeta y apreté el gatillo», dijo el acusado.

Además de admitir la responsabilidad por la muerte de Helen, Meads también reconoció haberla sometido a violencia doméstica durante su matrimonio.

Meads aseguró que su postura respecto a los hechos cambió de un día para otro, lo que hizo que la comisión y la familia de la víctima se cuestionaran la autenticidad de su confesión, que ven como una estrategia del acusado para acelerar su liberación de la cadena perpetua. Según el Meads, hasta el día anterior «probablemente había evitado» recordar el momento del asesinato de Helen. «Fue una acción voluntaria», reiteró.

En otoño de 2009, cuatro días antes de su muerte, Helen le dijo a su marido que quería poner fin a su matrimonio de 12 años, en el que había sido víctima de violencia doméstica. Helen estaba hablando por teléfono con una amiga y segundos después de despedirse recibió un disparo en el cuello a corta distancia.

Meads se declaró no culpable de asesinato, argumentando que el disparo fue accidental y que, por tanto, habría sido más apropiada una condena por homicidio involuntario. Sin embargo, el jurado rechazó esta alegación. El agresor fue condenado a cadena perpetua con una pena mínima de 11 años antes de poder optar a la libertad condicional.

En la audiencia Meads presentó el plan de seguridad que adoptaría en caso de ser liberado, pero dijo que el único problema de «alto riesgo» que detectaba en su comportamiento era la falta de confianza en las relaciones íntimas. La comisión decidió que esto no era suficiente y le planteó cuestiones importantes, como si volvería a utilizar armas de fuego después de su liberación. 

Teniendo en cuenta su confesión y las deficiencias del plan de seguridad presentado, a Meads se le negó la libertad condicional, pero podrá volver a comparecer ante la junta el año que viene.