La convivencia entre las selecciones y las competiciones domésticas en el deporte femenino, el debate está servido

A finales de la semana pasada conocíamos que la selección española absoluta femenina de fútbol continúa liderando el Ranking FIFA y ha registrado la mejor puntuación de su historia en esta clasificación mundial tras haber asegurado su presencia en la Eurocopa de Suiza de 2025.

Lo cierto es que cada vez resulta más habitual contemplar la convivencia entre la competición «doméstica» y los compromisos internacionales por selecciones, pero, ¿cómo se coordina esto exactamente?

Independientemente de la dificultad propia que entraña elaborar un calendario en el que puedan coexistir las diferentes competiciones en las que una futbolista, en este caso, puede participar a lo largo de una misma temporada, ahora quisiera centrarme en las diferentes connotaciones y derivadas que tiene su intervención en cada uno de estos eventos.

Cuando hablamos de fútbol, y más concretamente de fútbol profesional, podemos hacer diversas reflexiones:

En España existe una competición profesional de fútbol femenino (Liga F), pero no debemos olvidar que las futbolistas pueden ser profesionales independientemente de que la competición en la que participen lo sea, basta con que mantengan una relación laboral con el club para el que prestan sus servicios. Por establecer un paralelismo con otros deportes de equipo, ninguno de ellos (además del fútbol) cuenta en España con una competición profesional femenina y, sin embargo, no nos costaría mucho citar ejemplos de deportistas profesionales en las diferentes modalidades.Por otro lado, cuando las futbolistas que son (o no) profesionales en la esfera de sus respectivos clubes son llamadas a competir con la selección nacional, la cosa cambia bastante. En este caso nos situamos en la esfera federativa y la futbolista tiene el deber de acudir a la convocatoria, y, por tanto, al existir este carácter obligacional, se excluye cualquier atisbo de relación laboral entre las partes, y así lo establece la Ley del Deporte.

Dicho esto, el debate está servido:

Los clubes, en su condición de empleadores, tienen que cumplir con las obligaciones propias de su posición, tales como: el abono de los salarios, el de las cuotas a la Seguridad Social, velar por la ocupación efectiva de sus futbolistas, etc.… y, a la vez, tratar de conseguir los objetivos reflejados en su planificación deportiva contando con que, muy probablemente, en algún momento de la temporada «sufrirán» la ausencia de algunas de sus deportistas cuando deban incorporarse a la selección nacional.Las futbolistas, por su parte, tienen que cumplir con las obligaciones que voluntariamente han asumido al vincularse con sus respectivos clubes, y a la vez, tienen el deber de acudir a la llamada de la federación española.La federación, entre otras cosas, tiene encomendada la función de elegir a las futbolistas que han de integrar la selección española para afrontar de la mejor manera posible los distintos compromisos internacionales.

Reconozco que he escuchado opiniones muy diversas sobre esta cuestión: algunos piensan que la peor parte se la llevan los clubs que asumen los riesgos de lesión y de desgaste añadido de sus futbolistas, quedando en una situación de total desprotección cuando aquellas desarrollan el rol federativo. Otros creen que las deportistas que desempeñan un buen papel con la selección aportan un valor añadido a la competición doméstica, y, por ende, a los clubes para los que trabajan. Y otros, resaltan como dato más relevante el incremento en la cotización de las propias futbolistas.

Y tú, ¿qué opinas?