La Fed admite que le preocupa la inflación y empieza a endurecer la política monetaria

La Fed admite que le preocupa la inflación y empieza a endurecer la política monetaria

Hace 21 años, el economista Kevin Hasset y el columnista James Glassman, publicaron el libro Dow 36.000, en el que afirmaban que el Dow Jones, que es el índice de las treinta mayores empresas cotizadas en Wall Street, que estaba en el nivel 10.000, llegaría al 36.000 en algún momento entre 2002 y 2004.

En la historia de las predicciones erróneas, Dow 36.000 juega un papel destacado. El índice llegó a ese nivel el martes, justo en la víspera de que la Reserva Federal anunciara el inicio del ciclo de endurecimiento de la política monetaria. Ayer, cuando el Comité del Mercado Abierto, que es el organismo del banco central estadounidense que decide la política monetaria, anunció la estrategia que seguirá para llevar a cabo ese cambio de política, el Dow Jones subió todavía más, y cerró en 36.153.

Así que el mercado ya había descontado el anuncio de la Reserva Federal. El banco central anunció que empezará este mismo mes a reducir las compras de deuda pública y privada -esta última, hipotecaria- y que continuará el mes que viene, antes de reexaminar la situación. Si no hay cambios, el desmontaje de la compra de deuda lanzado en marzo de 2020 para combatir los efectos del Covid-19 terminará en junio. Eso sí, en la rueda de prensa posterior a la reunión, el presidente del banco central, Jay Powell, lanzó un mensaje claro: el final de las compras de deuda «no implica ninguna señal directa en relación a nuestra política de tipos de interés». En principio, no se esperan subidas de tipos hasta, como pronto, 2023.

Pero eso no despeja las dudas sobre el comportamiento de la economía estadounidense en particular y mundial en general. En la rueda de prensa posterior a la reunión, el presidente del banco central, Jay Powell, lanzó un mensaje: «No estamos yendo por detrás de la curva». Es una expresión inglesa que significa, de manera educada, ir por detrás de los acontecimientos.

Sin embargo, el deflactor subyacente del consumo privado, que es el indicador que la Fed tiene más en cuenta para decidir la política monetaria, está en máximos desde 1991. En Washington hay que esperar tres meses para comprar una lavadora de determinadas características, por la sencilla razón de que no hay. El periodo de tiempo de espera para recibir un Apple Watch o un iPhone 13 Pro de la última generación oscila entre tres y seis semanas. Faltan productos, y, por tanto, los precios suben y las empresas no pueden vender todo lo que los consumidores demandan.

La cadena de suministros mundial se ha cortocircuitado debido al Covid-19, y resulta que reabrir plantas industriales es más complicado que cerrarlas. A ello se suma, como insistió Powell, el impacto de la variante Delta, que frenó la actividad en verano y todavía sigue causando estragos en Estados Unidos donde, debido a la baja tasa de vacunación, están muriendo cerca de 1.500 personas por Covid al día. Finalmente, está el estímulo monetario y fiscal, que han incrementado la renta disponible de los ciudadanos, para formar lo que algunos temen que sea un cóctel inflacionario.

La respuesta de la Reserva Federal: paciencia. En el sentido literal. «Creeos que tenemos que ser pacientes. Si es necesaria una respuesta, no dudaremos». Sin embargo, la inflación es difícil de anticipar, y, hasta la fecha, tanto el Tesoro como el Gobierno de Joe Biden se han equivocado a la hora de predecir el final de este episodio de precios altos. Primero la inflación iba a volver a sus cauces normales a finales de 2021. Ahora, un año más tarde.

De manera indirecta, la Reserva Federal admitió que los precios están empezando a convertirse en un problema. En el comunicado en el que anunciaba el recorte de las compras de bonos, el instituto emisor reconocía que «la inflación sigue siendo elevada», aunque se trata, según su análisis, de un reflejo «en su mayor de factores que se esperan transitorios». Por el vine de todos, esperemos que este análisis sea más correcto que el de Hasset y Glassman.

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