La guerra pone de nuevo en barbecho el pacto de estabilidad en la UE

La guerra pone de nuevo en barbecho el pacto de estabilidad en la UE

Directo Guerra Ucrania: últimas noticias en directo

La invasión rusa de Ucrania ha generado consecuencias económicas inmediatas para el agresor. Las sanciones europeas, en coordinación con EEUU, Reino Unido y otros aliados del G7, han forzado el cierre de la bolsa rusa, una caída espectacular del rublo (hasta el 25%), un control de capitales para que las entidades extranjeras no salgan en tromba, una pérdida de acceso a las reservas internacionales. O el castigo para siete bancos, que han quedado desde este miércoles fuera del sistema Swift. Pero la guerra, y el choque, también tendrá efectos en una economía europea todavía recuperándose de la pandemia. En forma de inflación, que está una vez más en máximos. En subida de los precios del petróleo (el Brent por encima de 110 dólares, cotas más altas casi en una década) o del gas, de hasta un 60% estos días. Pero también sobre el marco.

La Comisión Europea decidirá el mes que viene en función de sus previsiones macroeconómicas de primavera, a mediados de mayo, si propone prorrogar un año más o no la congelación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Así lo explicaron este miércoles el vicepresidente Valdis Dombrovskis y el comisario Paolo Gentiloni. «Nuestras proyecciones estipulan que la Cláusula de escape general se desactivará a partir de 2023. Pero, en vista de la incertidumbre, volveremos a evaluar esto en la primavera», ha señalado el letón. «La asunción es que los precios se mantendrán en niveles elevados durante todo 2022. En general, esta combinación de factores probablemente tendrá un peso significativo sobre la reducción de la expansión económica esperada en la UE, pero sin descarrilarla. Tendremos que monitorear la situación económica y social con mucho cuidado durante las próximas semanas y meses, y estar preparados para reaccionar ante las circunstancias que cambian rápidamente», ha añadido el italiano.

El momento exacto se venía debatiendo desde hace meses, y la semana pasada, en París, las instituciones ya dejaron ver que la opción de esa prolongación estaba sobre la mesa, pese a las reticencias de algunas capitales. Pero ahora han dejado claras las condiciones y los tiempos. Italia, el martes, lanzó una petición abierta desde su Parlamento para que las cláusulas de escape sigan así como mínimo hasta 2024. Y países como España están también completamente a favor. Fuentes comunitarias explican que la Comisión está a favor, pero busca un equilibrio, que no haya ruptura entre los gobiernos y que se fije un procedimiento claro para todos.

La razón es obvia: facilitar la consolidación y prepararse para recaídas. Bruselas espera que el crecimiento se vea afectado, lastrado por los costes energéticos y la incertidumbre en comercio e inversiones. «Después de una fuerte respuesta ante la pandemia, ahora nos enfrentamos a una gran incertidumbre con la brutal guerra de Rusia. Nuestras sanciones están funcionando y Rusia claramente está sintiéndolo, pero también habrá costos para la economía de la UE y el crecimiento se ralentizará. En esta etapa es difícil anticiparlos de forma fiable. A medida que las sanciones más profundas comiencen a afectar, podríamos ver una serie de escenarios. Por ejemplo: mayor inflación, más presión sobre los precios de la energía, un impacto adverso en los mercados financieros. El crecimiento continuará, pero claramente se ralentizará. Pero es un precio que vale la pena pagar por defender la democracia y el derecho de las naciones europeas a decidir su propio destino», ha apuntado Dombrovskis.

El marco fiscal, parado desde la llegada de la pandemia, pensaba reactivarse a principios de 2023, cuando casi todas las economías nacionales hayan recuperado ya los niveles de finales de 2019. Las nuevas circunstancias, sin embargo, están obligando a los dirigentes a repensar el calendario. Lo mismo podría ocurrir con el BCE, que hace apenas unas semanas no cerró la puerta a una subida de tipos a finales de este mismo curso, algo que había descartado en diciembre, tras constatar que el alza de la inflación podría no ser tan temporal como habían pensado.

Las instituciones comunitarias, y los gobiernos, se enfrentan a ese dilema. Christine Lagarde, con los precios muy por encima de los niveles que desea y con la presión alemana, tendrá que buscar un equilibrio y decidir también si mantiene el calendario de retirada de estímulos. Si la situación en Ucrania va a peor, y aumentan las hostilidades (bélicas y económicas), las cadenas de suministro se podrían ver afectadas. El panorama con el precio de la energía es muy negativo. Y toda inestabilidad afecta inevitablemente al comercio y a las perspectivas de inversión globales.

Los comisarios confirmaron ayer que esta primavera no se abrirá ningún Procedimiento de Déficit Excesivo, pero que en función de lo que se decida en mayo quizás se pudiera contemplar la opción para los países con peores perspectivas. Ahora mismo una amplia mayoría tiene niveles de deuda o déficit por encima de los umbrales fijados en el Pacto de Estabilidad, un 60% y un 3% del PIB respectivamente. Hay, de forma paralela, un debate profundo en Europa sobre si esas reglas tienen sentido hoy en día y cómo cambiarlas, pero las prioridades han cambiado varias veces en los últimos meses.

Este miércoles presentaron sus orientaciones fiscales para 2023, un ejercicio que es fundamental para que los países hagan a su vez sus previsiones y cuadros. Bruselas propone, siguiendo los datos macro de invierno, que la posición fiscal europea sea en general neutra, pero la sensación en las intervenciones es que puede tener muy poco sentido, porque todo dependerá de lo que ocurra en las próximas semanas. Ayer por la tarde los ministros de Finanzas de los 27 se ven en un Ecofin extraordinario, pensado para hablar de las sanciones rusas, pero también de este tema.