La red de paramilitares al servicio de Daniel Ortega en Nicaragua

La red de paramilitares al servicio de Daniel Ortega en Nicaragua

Juan Pablo duerme menos de cinco horas al día. Se despierta a las cinco de la mañana para estar en su trabajo a las siete y regresa a su casa a eso de las seis de la tarde. Mira televisión con sus hijos y a las ocho de la noche tiene que estar en un punto de Managua reportándose con el ‘Águila’ para ir a patrullar. Juan Pablo no es su verdadero nombre. Es el seudónimo que este paramilitar nos ha solicitado utilizar porque “no quiero que me le pase nada a mis niños y tampoco a mí”, justifica.

Desde octubre de 2020, Juan Pablo fue asignado para hacer vigilancia en el distrito seis de Managua bajo las órdenes de Álvaro Ramírez, mejor conocido como el ‘Águila’ en las filas del paramilitarismo. “Él es el jefe del distrito y es el que nos dice en qué sector vamos a patrullar”, explica Juan Pablo, a quien de lunes a viernes desde las ocho de la noche hasta la medianoche le toca cumplir con su turno de patrullaje.

Los sábados lo hace desde las dos de la tarde hasta las siete de la mañana del día siguiente. Los domingos es su día de descanso, pero siempre está atento porque lo pueden llamar para una “misión” en cualquier momento, cuenta. Una vez que se reporta, el ‘Águila’ le asigna una motocicleta, un radio, dos cargadores y un arma corta que tiene que devolver cuando termine su turno. “Es una magnum”, especifica.
Juan Pablo es miembro de una red de civiles armados a quienes muchos tildan de paramilitares y que funciona de manera paralela a la Policía Nacional en Nicaragua, según revela esta investigación de La Prensa y Connectas. Su objetivo es perseguir y capturar a los nicaragüenses que se oponen a Daniel Ortega y a su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, explica Juan Pablo. 

A los paramilitares, sus jefes les dan una tarea específica, como la vigilancia de un opositor en particular, confirmar la dirección exacta de una persona o mantenerla vigilada. A Juan Pablo le han encargado en las últimas semanas hacer rondas por algunos barrios y si identifica a alguien “sospechoso” de ser opositor, se pone de acuerdo por radio con otros paramilitares para interceptarlo. 

“Se le revisa que no ande armado y se le pregunta qué anda haciendo. Se le pide su cédula, se le toma una foto que se vea claro quién es y se apunta el nombre y la dirección de donde vive”, cuenta Juan Pablo. Estos datos los verifican con la Policía Nacional para confirmar si está circulando como opositor. 

Se le revisa que no ande armado y se le pregunta qué anda haciendo. Se le pide su cédula, se le toma una foto que se vea claro quién es y se apunta el nombre y la dirección de donde vive.

Juan Pablo explica que para darse cuenta de si la persona es opositora o no, le revisan su teléfono celular y sus redes sociales, y si le encuentran imágenes o publicaciones en contra de Daniel Ortega, la orden es detenerla y entregarla a la Policía. Otro motivo para considerar a una persona como opositora, dice, es si la descubren con la bandera de Nicaragua o con afiches, pancartas, camisetas o cualquier papel con algún mensaje en contra del presidente. 

Cada noche es una tarea diferente. Cuando el ‘Águila’ le asigna la vigilancia de un opositor específico, Juan Pablo debe averiguar su rutina, las personas con las que se reúne y los lugares a los que va. También investiga a su familia, su trabajo o la universidad en la que estudia en caso de tratarse de un estudiante. Una vez recolectada la información, “se arma el operativo y le caen. Eso se hizo con Lesther Alemán (preso político) por ejemplo”, relata el paramilitar. 

Dice que no recibe un salario, pero si se niega a colaborar con las fuerzas paramilitares, lo pueden acusar de traidor y enviarlo a prisión. “Así les han hecho a varios. Nos dicen que tenemos que ser comprometidos con la revolución”, explica. 

La red de paramilitares al servicio de Daniel Ortega opera en Nicaragua desde 2018, cuando la población se levantó en protesta contra el presidente y exigió su renuncia. La respuesta del líder sandinista fue una brutal represión policial y paramilitar a las manifestaciones, que dejó un saldo de al menos 355 personas asesinadas, según datos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). 

La estructura paramilitar 

Para la socióloga experta en temas de seguridad Elvira Cuadra, “los grupos paramilitares tienen su propia cadena de mando” que funciona al margen de la Policía Nacional, pero que no actúan por su cuenta, sino que siguen directrices políticas.
El paramilitar Marlon Gerardo Sáenz Cruz, alias Chino Enoc, dice que la estructura inicialmente era encabezada por Raúl Venerio Granera, un comandante guerrillero y exjefe de la Fuerza Aérea Sandinista, a quien se le conocía por su seudónimo ‘Willy’. Venerio dirigía esta fuerza con Edén Pastora, Leopoldo Rivas y el general de brigada en retiro Glauco Robelo. 

Tras el fallecimiento de Venerio en junio de 2019, y el de Pastora en junio de 2020, Leopoldo Antonio Rivas Alfaro quedó al frente del Mando Nacional de paramilitares, y Robelo, como segundo al mando. Como tal, Rivas recibe las órdenes directas de Daniel Ortega y de su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. Rivas Alfaro es una figura de larga trayectoria en la guerrilla sandinista. Actualmente es el coordinador nacional de atención al sandinismo histórico y comandante del Frente Sandinista. Para 1974, era uno de los 16 sandinistas presos en las cárceles de la dictadura somocista. Entre ellos se contaba también Daniel Ortega. 

Tras el fallecimiento de Venerio en junio de 2019, y el de Pastora en junio de 2020, Leopoldo Antonio Rivas Alfaro quedó al frente del Mando Nacional de paramilitares, y Robelo, como segundo al mando.

Hoy, un expolicía que desertó en diciembre de 2018 y solicitó refugio en Costa Rica, y que por motivo de seguridad llamaremos Renato, explica que luego de Rivas, en la actual estructura paramilitar le siguen varias escuadras lideradas por exmilitares y excombatientes históricos fieles al partido de gobierno, que dirigen a estos grupos en todo el territorio nacional. 

Renato y Juan Pablo calculan, por separado, que actualmente integran la red paramilitar de Ortega unos 1.000 efectivos. A estos hay que sumarles los que se encuentran “a disposición”, explica el coronel en retiro Roberto Samcam, y que él estima que pueden ser hasta 20.000. 

La socióloga Elvira Cuadra expone que durante la dictadura de los Somoza, entre 1937 y 1979, también hubo grupos paramilitares en Nicaragua. “Igual que en el resto de Centroamérica”, dice, pero aclara que eran de menor envergadura a la estructura actual que existe en el país, porque esta ha sido creada directamente desde el Estado sandinista. 

Daniel Ortega ha dado explicaciones diferentes sobre estos grupos. En julio de 2018, el periodista de CNN Andrés Oppenheimer le mostró una fotografía de los paramilitares con banderas del Frente Sandinista. Ortega las desestimó con una frase: “Puede ser un montaje”. Luego dijo que eran “ciudadanos defendiéndose” y días después, en entrevista a Euronews, alegó que eran “policías voluntarios”. 

La Policía no era suficiente 

Antes de los paramilitares, junto a la Policía Nacional operaban los grupos de choque, conocidos popularmente como “turbas sandinistas”, miembros de la Juventud Sandinista (JS) que cuando había manifestaciones en contra de Daniel Ortega debían apalear a los manifestantes. 

Cuando estallaron las protestas en contra del presidente en abril de 2018, los grupos de choque fueron los primeros en reprimir a los manifestantes junto a la Policía Nacional. Pero “cuando las fuerzas de la Policía y de los mismos grupos de choque fueron rebasados por la magnitud de estas protestas, el gobierno de Ortega decidió organizar a los grupos paramilitares”, explica Elvira Cuadra. 

Mucho antes de ser gobierno en los ochenta, el Frente Sandinista inició como una guerrilla que combatió a la dinastía somocista en las décadas del sesenta y setenta, logrando el triunfo de la revolución el 19 de julio de 1979. Todos los que integraron la guerrilla, y los que colaboraron con ella, son conocidos hoy como combatientes históricos. Cuatro décadas después de aquellos sucesos, Edén Pastora, conocido como ‘Comandante Cero’ y fallecido en diciembre de 2020, emprendió junto a otros miembros del Frente Sandinista y oficiales retirados del Ejército una gira hacia las principales ciudades del país para organizar la actual red de paramilitares que sostiene con armas en las calles al gobierno de Ortega. 

Cuando las fuerzas de la Policía y de los mismos grupos de choque fueron rebasados por la magnitud de estas protestas, el gobierno de Ortega decidió organizar a los grupos paramilitares.

Fue en mayo de 2018. El plan de Pastora consistió en que unos motorizados hicieran un reconocimiento de las barricadas que estaban en los barrios orientales y cuando ellos dieran la señal, el resto de la escuadra avanzaría disparando para dispersar a los manifestantes. 

Los paramilitares llamaron la atención por su armamento de guerra. El criminólogo Giancarlo Fiorella hizo un análisis de las armas utilizadas y pudo identificar al menos seis tipos de armamentos de guerra. AK-47, fusil de francotirador Dragunov, ametralladora PKM, rifles M16, fusiles Remington 700, pistola Jericho 941 y cargadores de balas de tambor modelo soviético, con capacidad de hasta 75 balas, fueron sus hallazgos publicados por el portal holandés Bellingcat

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (Giei), creado por la CIDH y el Gobierno, también identificó otras armas que dispararon en las calles durante la violenta represión de 2018, como el fusil AK-74, escopetas 12.70 y revólveres .38 SPL y 357 Magnum. En fotografías divulgadas por medios de comunicación, también se aprecia a los grupos paramilitares cargando lanzacohetes RPG7. “Son armas que usan Ejércitos para pelear en guerras. Armas que no deben estar en manos de civiles porque están diseñadas para guerras”, comenta Fiorella, e indica que algunas de ellas, como la ametralladora PKM y los rifles Dragunov, necesitan de entrenamiento, por lo cual no cualquier persona puede usarlas. 

Este armamento de guerra “salió de las bodegas del Ejército”, considera Samcam. “Obtuvimos información de gente que había desertado y se vino al exilio, que nos plantean de dónde salieron esas armas. Nos decían que de los almacenes de Xiloá que tiene el Ejército”, acusa. Por su parte, el Ejército ha negado las acusaciones de que haya armado a estos grupos, pero también calla sobre su responsabilidad para desarmarlos. 

Las nuevas órdenes 

Aunque la Policía y los paramilitares son dos fuerzas distintas, ambas actúan en coordinación, explica la socióloga Cuadra. Y por ello es que en Nicaragua habitualmente se dan detenciones, asedios y allanamientos a casas de opositores ejecutadas por policías y paramilitares en trabajo conjunto. 

Pero hay otras tareas en las que los paramilitares actúan solos. Cuadra expone que “si se trata de hacer algún tipo de amenaza, de hostigamiento, algún tipo de agresión, en muchas ocasiones prefieren utilizar a los grupos paramilitares antes que a la Policía”. El criminólogo Fiorella coincide y señala que los paramilitares son los encargados del “trabajo sucio” que la Policía no puede ejecutar públicamente. Por esta razón, “ocupan un sitio bastante importante en la caja de herramientas de represión del gobierno”, detalla. 

Son los encargados del ‘trabajo sucio’ que la Policía no puede ejecutar públicamente. Por esta razón, “ocupan un sitio bastante importante en la caja de herramientas de represión del gobierno.

En este momento, los paramilitares no están operando como en 2018, con el armamento de guerra, y tampoco andan encapuchados. Ahora solo se cubren el rostro con el casco de sus motocicletas. Sin embargo, son fácilmente identificables porque suelen llevar a mano un radio, además del arma en la cintura o en la espalda baja. También suelen vestir con una chaqueta, camiseta o gorra alusiva al Frente Sandinista, según consta en fotografías divulgadas por medios de comunicación. 

Para las elecciones presidenciales del 7 de noviembre de 2021, Juan Pablo cuenta que un buen número fue llamado nuevamente y conformaron las Unidades de Victoria Electoral (UVE). “La misión era no dejar que protestaran los azul y blanco (opositores). No había orden de matar como en el 2018, pero al que miráramos protestando, lo teníamos que echar preso”, comenta. Aunque no está del todo de acuerdo con la represión de Daniel Ortega, Juan Pablo no se atreve a desertar como han hecho otros, porque teme que su familia reciba represalias. “No somos tontos. Sabemos que las cosas están mal, pero tenemos familias”, dice. Y por eso escoge seguir siendo paramilitar y dormir solamente cinco horas al día. 

AUTORES:
La Prensa de Nicaragua
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