Las compañías que están gastando millones comprando terrenos virtuales en el metaverso

Las compañías que están gastando millones comprando terrenos virtuales en el metaverso
Theo TzanidisThe Conversation*

12 enero 2022

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La idea de gastar miles o incluso millones de dólares para comprar una «tierra» ficticia en un mundo virtual puede sonar absurda.

Pero en los últimos meses hemos visto significativas inversiones en terrenos virtuales dentro del metaverso.

La consultora Price Waterhouse Coopers se encuentra entre las últimas firmas en entrar en el mercado inmobiliario de The Sandbox, una de las plataformas de mundos virtuales en las que la gente puede socializar, jugar o acudir a conciertos.

PwC pagó una suma que podría ser considerable, aunque la cantidad final no fue desvelada.

Otra persona compró recientemente por US$450.000 una parcela de tierra en Snoopverse, un mundo virtual que el rapero Snoop Dogg está desarrollando dentro de The Sandbox.

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Mientras tanto, Metaverse Group, una empresa de bienes raíces enfocada en la economía del metaverso, compró supuestamente un terreno en Decentraland, otra plataforma virtual, por US$2,43 millones.

Repasemos qué es el «metaverso», porque probablemente hayas escuchado mucho el término cuando Facebook cambió su marca a Meta en octubre de 2021.

Otras compañías, como Nike y Microsoft, también han anunciado que se lanzarán a este espacio.

El metaverso describe una visión de un mundo virtual 3D conectado, donde los mundos real y digital se integran utilizando tecnologías como la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR).

A este universo virtual se podrá acceder a través de dispositivos como gafas de realidad virtual o realidad aumentada y aplicaciones para teléfonos inteligentes.

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Los usuarios se encontrarán y se comunicarán a través de avatares digitales, explorarán nuevas áreas y crearán contenido.

La idea es que el metaverso se desarrollará para convertirse en un espacio virtual colaborativo donde podamos socializar, jugar, trabajar y aprender.

Ya existen varios metaversos, por ejemplo, en plataformas de juegos virtuales como The Sandbox y mundos virtuales como Decentraland.

De la misma manera que un sitio web es parte de la red mundial 2D más amplia, los metaversos individuales formarán un metaverso conectado más grande.

Es importante destacar que, como en el mundo real, es y será cada vez más posible comprar cosas en el metaverso, incluidas las propiedades inmobiliarias.

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Las transacciones en el mundo virtual generalmente se realizan utilizando criptomonedas.

Aparte de las criptomonedas, los tokens no fungibles (NFT) son el método principal para monetizar e intercambiar valor dentro del metaverso.

Un NFT es un activo digital único.

Aunque son principalmente elementos de arte digital (como videos, imágenes, música u objetos 3D), hay muchas cosas que pueden considerarse NFT, incluidas las propiedades virtuales.

En plataformas como OpenSea, donde la gente compra e intercambiar NFT, ahora hay terrenos o incluso casas virtuales.

Para garantizar que los bienes raíces digitales tengan valor, la oferta es limitada, un concepto en economía llamado «valor de escasez».

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Por ejemplo, Decentraland se compone de 90.000 piezas o «parcelas» de tierra, cada una de aproximadamente 15,5 metros por 15,5 metros.

Ya estamos viendo ejemplos en los que el valor de los inmuebles virtuales está aumentando.

En junio de 2021, un fondo de inversión en bienes raíces digitales llamado Republic Realm supuestamente gastó el equivalente a más de US$900.000 para comprar una parcela en Decentraland.

Según DappRadar, un sitio web que rastrea los datos de ventas de NFT, fue la compra más cara de terrenos NFT en la historia de Decentraland.

Sin embargo, como sabemos, en noviembre de 2021, el Grupo Metaverse compró su terreno en Decentraland por US$2,4 millones.

El tamaño de esta compra fue en realidad más pequeño que el anterior: 116 parcelas de tierra en comparación con 259 compradas por Republic Realm.

Pero no solo la plataforma Decentraland está registrando furor por las compras.

En febrero de 2021, Axie Infinity (otro mundo de juegos virtuales) vendió nueve de sus parcelas de tierra por el equivalente a US$1,5 millones, un récord, dijo la compañía.

Pero tan solo unos meses después, en noviembre de eses mismo año, vendió otra parcela por US$2,3 millones en noviembre de 2021.

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Aunque parece que los precios están subiendo es importante reconocer que la inversión inmobiliaria en el metaverso sigue siendo extremadamente especulativa.

Nadie puede estar seguro de si este auge es la próxima gran inversión o la próxima gran burbuja.

Dejando a un lado los incentivos financieros, es posible que se pregunte qué harán realmente las empresas y las personas con sus propiedades virtuales.

Por ejemplo, la compra realizada por el Grupo Metaverse se llevó a cabo en el recinto de moda de Decentraland.

Según el comprador, el espacio se utilizará para albergar eventos de moda digital y vender ropa virtual para avatares, otra área potencial de crecimiento en el metaverso.

Aunque los inversores y las empresas dominan este espacio por ahora, no todos los bienes raíces del metaverso costarán millones.

Pero, ¿qué podría ofrecerle ser propietario de un terreno virtual?

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Si compra una propiedad física en el mundo real, el resultado es tangible: un lugar para vivir, para tener seguridad, para recibir a familiares y amigos.

Aunque las propiedades virtuales no proporcionan refugio físico, existen algunos paralelismos.

Al comprar bienes raíces virtuales podría construir en ellos.

O puede elegir una casa ya construida que le guste.

Puede personalizarla con varios objetos (digitales).

Puede invitar a amigos y visitar los hogares virtuales de otras personas también.

Esta visión aún es lejana.

Pero aunque parece completamente absurdo, debemos recordar que hubo un tiempo en el que la gente tenía dudas sobre el potencial de internet y más tarde de las redes sociales.

Los tecnólogos predicen que el metaverso madurará hasta convertirse en una economía en pleno funcionamiento en los próximos años, además de una experiencia digital sincrónica tan ligada a nuestras vidas como lo están ahora el correo electrónico y las redes sociales.

Esta es una extraña fantasía hecha realidad para alguien que fue jugador en una vida anterior.

Hace algunos años, una versión más joven de mi conciencia me decía que dejara de perder el tiempo jugando videojuegos.

Que volviera a estudiar y a concentrarme en mi vida «real».

En el fondo, siempre tuve el deseo de ver los juegos superpuestos con la vida real, al estilo Real Player One.

Ahora siento que esta visión se acerca cada vez más.

*Theo Tzanidis es profesor titular de marketing digital de la Universidad del Oeste, Escocia. Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

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