Las consecuencias económicas de la guerra

Las consecuencias económicas de la guerra

La guerra de Ucrania tiene y tendrá profundas implicaciones económicas. En el plano macroeconómico, el inicio de las hostilidades ha dado un impulso adicional a la fuerte subida de los precios de la energía registrada en Europa desde finales de 2020.

Esto significa un menor crecimiento, una mayor inflación en 2022 y acentúa el riesgo de estanflación. Si la guerra se prolonga, es improbable que el BCE se decida a mantener su actual estrategia de ‘tapering’ y elevar las tasas de interés este año

El shock sobre la oferta productiva y sobre el nivel general de precios en Europa dependerá de cuanto duren las hostilidades y de cuán intensa sea la restricción de los flujos de gas ruso al continente europeo. Según el BCE, un recorte del 10% de la oferta de ese combustible fósil detraería 0,7 puntos al crecimiento del PIB en la UE. Por otra parte, las importaciones europeas de metales procedentes de Rusia junto a la persistencia de disrupciones en las cadenas globales de logística y distribución dañan a las economías europeas.

Las sanciones contra Rusia son inéditas. En anticipación a ellas, Putin ha acumulado un volumen de reservas muy alto; ha recortado la dependencia de las firmas rusas del capital exterior y ha intensificado sus relaciones económicas y financieras con China para exportarla hidrocarburos y otras materias primas y para importar tecnología y, de este modo, de sortear las restricciones impuestas por los aliados en ese campo.

Pero eso no blinda a Rusia. El 27,8% de sus exportaciones van a la UE. El nuevo gaseoducto que une Siberia con China se terminará en 2025 y transportará una quinta parte del gas comprado por Europa. Por añadidura, la imposibilidad de acceder al sistema SWIFFT puede causar un extraordinario perjuicio al sistema de medios de pagos y, por tanto, a los bancos y a las empresas soviéticas.

Aunque Europa sufra en el corto plazo, las perspectivas para Rusia son muy negativas en términos dinámicos. Su aislamiento de los mercados occidentales se va a traducir en un descenso adicional de los niveles de vida de la población. La crisis ucraniana va a producir un profundo cambio en la estrategia energética europea cuya dependencia del gas ruso ha mostrado ser un riesgo muy alto para la estabilidad económica y política continental. Por último, el cierre del acceso ruso a las importaciones de tecnología occidental constituye un lastre brutal para el funcionamiento de su industria básica.