Las exportaciones españolas de aceite y vino a Rusia, en riesgo ante el nuevo escenario de incertidumbre

Aunque el ministro de Agricultura, Luis Planas, insiste en «no adelantar acontecimientos» sobre las posibles repercusiones económicas derivadas de la crisis entre Rusia y Ucrania, los responsables de los principales sectores agroalimentarios que podrían verse afectados, el aceite y el vino, han comenzado a mostrar su preocupación por si estalla el conflicto bélico o si Rusia impone nuevas restricciones. De hecho, la Interprofesional del Aceite de Oliva de España ha mantenido este jueves un encuentro para reorganizar las importantes campañas-en la que se invierten varios millones de euros al año- que se vienen realizando en Rusia, un territorio donde este producto se está posicionando con fuerza y en claro ascenso cada campaña. «Actualmente representa el 3% de todas nuestras exportaciones (820.000 toneladas en 2021), pero en constante crecimiento y donde tenemos que estar posicionados», destaca Manuel Alfonso Torres, vicepresidente de la Federación Española de Industrias Fabricantes de Aceite de Oliva (Infaoliva): «El riesgo es que con el nuevo escenario se prohíba la entrada total de productos o se impongan aranceles», teme.

De forma similar ocurre con el vino español, que ocupa las primeras posiciones de cabeza del ranking, tanto en valor como en volumen. En 2020, Rusia importó de España vino tranquilo embotellado por valor de 109,8 millones de euros. España se sitúa en 2020 en solo por detrás de Italia y Georgia, y ligeramente por delante de Francia en vino embotellado. En volumen nuestro país también ocupa la tercera posición.

Estos dos sectores son los principales productos españoles que han evitado el veto comercial implantado por la Federación Rusa desde el año 2014 como consecuencia de las sanciones que desde la propia UE y otros países le impusieron por el conflicto de Crimea. Ante esta situación, el director general de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), Mauricio García de Quevedo, ha reconocido que «debemos estar preparados para cualquier escenario posible y adaptarnos».

Sin frutas, hortalizas y cítricos, los datos del Ministerio de Agricultura indican que el año pasado se exportaron a Rusia productos agroalimentarios de origen español por valor de 223,06 millones de euros, un 8,28% más que en 2020 (206 millones). De forma paralela,

España exportó el año pasado a Ucrania unos 155,91 millones de euros en productos agroalimentarios por 121,06 millones de 2020.

«Rusia un mercado atractivo por volumen y porque pagan bien», destaca Ignacio López, director de Relaciones Internacionales de Asaja, quien recuerda que las exportaciones a Rusia suponían alrededor de unos 250 millones de euros anuales hasta el fatídico 2014. También, aunque en menor medida, se vieron afectadas desde entonces algunas exportaciones como las de porcino. Para este experto, las consecuencias de este nuevo conflicto son «impredecibles para el mercado español, pero por lo pronto es más que probable que todos los costes de producción ligados al petróleo y al gas (abonos y fertilizantes), suban aún más».

«Nos utilizan como moneda de cambio», se queja Vicente Carmelo, productor de caquis en Alginet (Comunidad Valenciana), un producto que hasta el veto tenía un fuerte reclamo en Rusia pero que desde entonces ha hundido sus plantaciones (-25% el año pasado), además de padecer plagas incontroladas sin tratamientos disponibles. En 2013 -un año antes de la entrada en vigor del boicot- de las aproximadamente 300.000 hectáreas plantadas, un 30% de la recolección de caquis se enviaba el mercado ruso. «Se realizaron fuertes inversiones con esas expectativas, porque además el desplazamiento -unos cinco días en camión- estaba relativamente cerca, pero el veto ruso nos ha matado». Ahora, con los precios por los suelos y un excedente de producción muy alto «porque se plantó mucho», el sector ha perdido ya cualquier esperanza tras esta nueva crisis diplomática. «Cada año esperábamos con esperanza que el veto se levantara, pero ahora esto que está ocurriendo (en referencia a la posibilidad de que estalla el conflicto bélico en la zona) ha terminado por arruinar cualquier expectativa; ahora sí que ya no vamos a volver a poder comercializar allí». 30 comercializadoras, seis cooperativas y hasta una Denominación de Origen Protegida (Caqui de la Ribera del Júcar) surgieron con el ‘boom’ de este producto español que entró «como un tiro» en Rusia, país que ahora los compra en Turquía, Marruecos o Azerbaiyán