¿Narco-Estados se afianzan en Europa? / análisis de Mauricio Vargas

¿Narco-Estados se afianzan en Europa? / análisis de Mauricio Vargas

El 13 de octubre, los reyes de los Países Bajos, Guillermo Alejandro y Máxima, aterrizaron en Estocolmo para una visita de Estado a sus colegas suecos. El viaje habría pasado como un encuentro más entre casas reales, de esos que generan muchas fotos y pocas noticias de fondo, si no fuera por una explosiva revelación del monarca neerlandés, quien contó que su hija y heredera al trono, Catalina Amalia, “casi nunca sale de casa” debido a las amenazas de bandas del narcotráfico en su contra.

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“Es una situación muy difícil”, comentó la reina Máxima, nacida en Argentina, “pero me siento muy orgullosa por cómo lo ha asumido Amalia”, agregó.

Si bien, al iniciar sus estudios univeristarios, la princesa de Orange se instaló en un apartamento en el centro de Ámsterdam, tras la alerta de los servicios de seguridad, que descubrieron un plan para secuestrarla, regresó a la residencia real en La Haya.

Las amenazas, detectadas en mensajes de texto entre celulares, apuntaban también al primer ministro de los Países Bajos, Mark Rütte, quien ha liderado la lucha contra las bandas de narcotraficantes que desde hace años se disputan a sangre y fuego el gigantesco mercado de cocaína, heroína y drogas sintéticas en el país.

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Y es que Países Bajos ahora no solo es receptor de dichas sustancias venidas de los países originales de producción, como Colombia, México y algunos del norte de África y Asia, sino que se ha convertido –junto con otros países de Europa– en una región productora.

La policía neerlandesa afirma que, para 2021, la producción local de pastillas de éxtasis en el área de Ámsterdam equilavía a unos 19.000 millones de euros anuales.

Algo similar ocurre en la vecina Bélgica. A fines de septiembre, la policía de Países Bajos capturó a cuatro neerlandeses acusados de preparar un plan para secuestrar al ministro de Justicia de Bélgica, Vincent Van Quickenborne. La trama fue descubierta cuando los servicios de seguridad belgas hallaron un carro con armas y botellas con gasolina frente a la casa del ministro, y elementos del vehículo apuntaron a los mafiosos neerlandeses, lo que activó la cooperación internacional.

Mark Rutte durante la conferencia de prensa.

Foto:

Phil Nijhuis. Efe

Producción local

Los Países Bajos y Bélgica están en el ojo de un huracán del narcotráfico, la corrupción y la violencia por cuenta del creciente rol que grupos criminales europeos desempeñan en el negocio mundial de las drogas ilícitas. Mucho tiene que ver el atractivo que por años han supuesto los enormes puertos de Róterdam, en los Países Bajos; y Amberes, en Bélgica, pues los carteles de la droga los han convertido en las principales puertas de entrada de la cocaína procedente de América Latina.

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Los planes para secuestrar al ministro de Justicia de Bélgica o a la princesa Amalia buscan generar terror e intimidar por esa vía tanto a las autoridades como a la población

De las casi 220 toneladas de cocaína incautadas en 2020 –último año con todas las cifras verificadas–, 70 lo fueron en Bélgica y 49 en Países Bajos, por encima de las 37 decomisadas en España, país que en el pasado llegó a estar en el tope de la tabla.

Con entre 2,5 y 3,5 millones de consumidores frecuentes, la cocaína es la segunda droga ilícita más usada en la Unión Europea, por debajo del cannabis, cuyo consumo está despenalizado en varios países. En ventas al por menor, se trata de un mercado avaluado en casi 11.000 millones de euros al año, aunque algunas proyecciones lo sitúan cerca de los 13.000 millones.

“El tráfico de drogas ilegales –señala un análisis de Europol al que tuvo acceso EL TIEMPO– continúa siendo el fuerte de peligrosas organizaciones criminales en la Unión Europea: cerca del 40 % de las redes criminales internacionales están activas en el tráfico de drogas”. Según el estudio, no solo se trata de sustancias ilícitas importadas, sino que en varios países europeos la producción local de cocaína y metanfetaminas está al alza.Los expertos de Europol aseguran que, en el caso de la cocaína, se sabe de laboratorios en ciudades y zonas rurales que reciben pasta de coca prensada y la transforman en clorhidrato de cocaína. A esto se suman las cifras de producción local de metanfetaminas y otras drogas sintéticas.

Y es que entre 2010 y 2020, las incautaciones de metanfetamina crecieron 477 por ciento. Antes, se trataba de pequeños laboratorios en países como la República Checa, pero ahora la oferta ha crecido de manera acelerada, entre otras razones, porque los laboratorios se han multiplicado dentro del territorio europeo. Nueve países del bloque reportaron el hallazgo de 215 centros de producción de metanfetaminas en 2020, buena parte de ellos en Bélgica y los Países Bajos.

Miembros de las Fuerzas Especiales de la Policía revisan un tranvía en Utrecht (Holanda). Foto de archivo.

Foto:

Efe

Del tráfico al terrorismo

Lo que más inquieta a las autoridades europeas es que, tal y como ocurrió en el pasado en países como Colombia, ya no se trata solo de combatir redes de producción y tráfico de sustancias ilegales. Lo que ocurre en Bélgica y los Países Bajos incluye una creciente violencia que excede los límites de la guerra entre bandas, y apunta a altos funcionarios del Estado, agentes del orden, abogados y periodistas.

“Asistimos a un fenómeno que bien podemos definir como terrorista”, le dijo a EL TIEMPO, en París, una fuente familiarizada con los análisis de Europol. “Los asesinatos que se han producido en esos dos países, así como las amenazas y los planes para secuestrar al ministro de Justicia de Bélgica o a la princesa Amalia de los Países Bajos, buscan generar terror e intimidar por esa vía tanto a las autoridades como a la población”, agrega la fuente.

Lo mismo opinan algunos académicos como Jelle van Buuren, profesor y experto en seguridad de universidad de Leiden, la más antigua de los Países Bajos. “Cuando el objetivo ya no es el dinero, sino el Estado, sus símbolos e instituciones, puede considerarse una forma de terrorismo”, afirmó van Buuren al diario El País de España.

Cuarteles generales de Europol en la Haya, .

Foto:

AFP

Lo ocurrido en el llamado proceso Marengo, en los Países Bajos, es prueba de lo anterior. Se trata del juicio contra el temible capo Riduan Taghi, de origen marroquí pero establecido en tierras neerlandesas, y quien, a punta de amenazar, torturar y asesinar adversarios, consolidó un poderío excepcional que se extiende hacia Bélgica y otros países europeos. Por su origen marroquí, la red de Taghi ha sido bautizada como ‘Mocro Mafia’, aunque algunos han hecho ver que decenas de neerlandeses hacen parte de la banda y que atribuirle una nacionalidad no es apropiado.

Los Países Bajos “corren el riesgo de convertirse en un narco-Estado

Lo cierto es que la ola de terror de esta red es implacable. El principal testigo contra Taghi, identificado por los medios de comunicación como Nabil K., brindó su testimonio el 18 de septiembre de 2019 gracias la gestión del abogado penalista Derk Wiersum. Sin embargo, Wiersum fue asesinado ese día de un tiro al salir de su casa.

Casi dos años más tarde, el 15 de julio de 2021, el periodista Peter de Vries fue asesinado a tiros a las puertas de un estudio de televisión. Famoso por sus investigaciones sobre las organizaciones criminales del narcotráfico, De Vries se convirtió en confidente del testigo Nabil K. y, gracias a ello, reveló a los televidentes mucho de la historia criminal del capo Taghi y de sus secuaces.

Pocas semanas antes del asesinato del abogado Wiersum, el entonces ministro de Justicia, Ferdinand Grappenhaus, impactado por las dimensiones de dinero y violencia de estas mafias, declaró que los Países Bajos “corren el riesgo de convertirse en un narco-Estado”. Y si bien por esos días algunos calificaron la declaración como “exagerada”. Con lo que vino luego, muchos le dieron la razón.

Los analistas de Europol confirman esta percepción: “Violencia y corrupción, largamente vistas en los países que tradicionalmente han sido productores de drogas ilícitas, aparecen cada vez más en la Unión Europea”. Y agregan: “En varios Estados miembros (Bélgica, España, Francia y los Países Bajos) la competencia entre distribuidores de droga se ha intensificado y ha derivado en un aumento de choques violentos”.

Pero, no es solamente violencia entre las bandas. “El creciente mercado de cocaína en la Unión Europea –anota el análisis de Europol– ha llevado a un aumento de los homicidios, los secuestros y la intimidación, con la violencia alcanzando a quienes están por fuera del negocio, como abogados, funcionarios y periodistas”.

Con el vertiginoso aumento del comercio de metanfetaminas, que se suma al tráfico de cocaína, las autoridades temen que la violencia siga creciendo y que, por las enormes sumas de dinero disponibles, el proceso “conduzca a una mayor corrupción a lo largo de la cadena de distribución, creando de hecho una economía paralela”.

Son palabras de Europol, otrora reservadas por las agencias antidrogas del mundo a países como México y Colombia. Según esa misma entidad, el 60 por ciento de estas redes criminales en Europa usan la corrupción para asegurar el logro de sus metas.“Cuando esto ocurre, el Estado de derecho y las libertades están en peligro”. Así lo piensan académicos como Erwin Bakker, catedrático de Estudios sobre Terrorismo en la universidad de Leiden.

En declaraciones a El País, Bakker consideró que la amenaza de estas mafias es uno de los principales desafíos de los Países Bajos. “La violencia del crimen organizado socava el orden democrático legal”, sostiene. Y los colombianos sabemos que tiene razón.

MAURICIO VARGASANALISTAEL TIEMPO​mvargaslina@hotmail.com