No se tiene resultados diferentes haciendo lo mismo

El martes 3 de noviembre son las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en la que el presidente Donald J. Trump busca la reelección representando al partido republicano

Si bien es cierto, la finalidad de los partidos políticos es la conquista del poder para realizar las transformaciones sociales que han sido establecidas por el proyecto político, no es menos cierto de que cuando compiten dos grandes maquinarias, siempre suele ganar la que tenga mejores propuestas y mejores candidatos, siempre acompañando esto de estructuras dirigenciales. Estados Unidos, no es la excepción de esta regla, aunque con el marketing y la propaganda en los medios masivos se quiera transmitir lo contrario.

El martes 3 de noviembre son las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en la que el presidente Donald J. Trump busca la reelección representando al partido republicano, enfrentando esta vez al demócrata Joe Biden, ex vicepresidente de la república  y ex senador del estado de Massachusetts durante 47 años.  Los demócratas que perdieron las elecciones en el 2016 porque el sistema electoral norteamericano está diseñado que se gana con la representación de delegados electorales y no con el voto popular, no solo que no han aceptado esta derrota, sino que tampoco hicieron una revisión interna para evaluar de porque aunque ganaron el voto popular por 2 millones de votos, Hillary Clinton perdió obteniendo 232 delegados y el presidente Trump 306 delegados.

Para alcanzar la presidencia de los Estados Unidos hay que sacar 270 delegados. Cada estado, dependiendo su población tiene un número de delegados electorales que se le asignan al candidato que gane la mayoría de las circunscripciones del mismo.  Hay estados con como Alaska que tienen 3 delegados, Nueva York 29, Texas 36 y California que es el que más posee con 55 delegados.

Alegatos de una supuesta conspiración rusa para alterar las elecciones, los cuales después de más de 3 años no pudieron comprobarse han sido la coartada principal para justificar la derrota demócrata, sin hacer un mea culpa consultando las bases de esa organización y sobre todo, consultando al pueblo que les solía votar incondicionalmente. Este caso fue llevado a tales niveles que el Congreso Norteamericano aprobó un juicio político al presidente el cual fue aprobado ya que el partido demócrata tiene mayoría en esa cámara pero que fue rápidamente desestimado con tan solo llegar al Senado donde los republicanos tienen mayoría. Toda esta estrategia de esta manera quedó sepultada.

Con la llegada del Covid-19, la gran crisis sanitaria y económica esta pandemia ha representado para los Estados Unidos se han caído los mercados financieros que se fortalecieron increíblemente en los últimos 3 años y esto ha sido utilizado por los demócratas para intentar sacar capital político. Estados Unidos ha sido el país con más fallecidos del mundo, 172 mil muertes y 5.5 millones de infectados. Aparte de la pandemia, en las últimas semanas se han visto manifestaciones en grandes ciudades donde grupos de justicieros sociales reclaman  la abolición de la policía, acusan a Estados Unidos de ser un país racista y que esto se ha incrementado bajo la administración del presidente Trump.

A raíz de la muerte de George Floyd, un afroamericano en la ciudad de Minneapolis que después de intentar pagar con un billete falso en una tienda se resistió al arresto, razón por la que fue sometido por un oficial policial con una llave al cuello durante 8 minutos, hecho que le produjo perder la vida; se han disparado las alarmas del racismo y de la brutalidad policial. Esta situación ha devenido en constantes manifestaciones, protestas y hechos en donde desgraciadamente se han vandalizado cientos de negocios. Ciudades importantes como Nueva York, Chicago, Los Ángeles han sido epicentros de campos de batalla en las últimas semanas.

Utilizando el vehículo de los movimientos sociales acompañados de grupos radicales de izquierda, los demócratas han apostado todo al tema social para poder derrotar al presidente Trump, quien también de igual manera tiene grupos conservadores y de derechas a su favor. Consideramos que  esta es una apuesta política muy peligrosa porque la verdad es que a menos de 90 días para las elecciones de noviembre, el candidato Joe Biden es conocido por haber sido vicepresidente durante 8 años y no por ser el candidato del partido demócrata. Como mencionamos al principio, aquí radica su talón de Aquiles, el peligro y una cola que arrastran desde el 2016, pero que parece ser no quieren ver.

Debemos de recordar, que en el 2016 todas las encuestas daban favorita a Hillary Clinton, candidata demócrata quien iba a ganar por barrida y al final resultó ser que quien gano con amplia ventaja de delegados fue el actual presidente Donald Trump. Ahora es todo lo contrario, en las encuestas se muestra un empate técnico entre el presidente Trump y el candidato demócrata Biden. A esto sumémosle la ventaja que da el poder, y que el presidente sea para bien o mal es una figura mediatica que todo el día se habla de él, mientras que de su contrincante ni se menciona para nada. Para colmo ‘’Sleepy Joe’’ (Joe el dormilón) tal y como Trump ha apodado a su contrincante porque presenta dificultades para el habla, el Dr. Ronny Jackson quien fue médico del presidente Obama (administración de la que Biden fue el vicepresidente) ha manifestado que ‘’es evidente que algo no anda bien con Biden, luce perdido’’. EL Dr. Jackson no quiso apresurarse a hablar de que Biden sufre demencia senil, pero es un señor que ya tiene casi 78 años y no luce bien en las entrevistas, se le van las ideas.

Analizando el panorama de los candidatos es evidente que si bien el presidente Donald Trump levanta muchas pasiones a favor y en contra; de que sus formas no son las más elegantes ni las más políticas,  se habla de él, produce noticia, este ha tomado el liderazgo del partido republicano y del movimiento conservador estadounidense; atributos que Biden no posee, pues no es ni líder del partido demócrata, ni se habla de él, ni representa absolutamente nada mediática ni políticamente. Veamos como esto influye en los electores norteamericanos a la hora de votar y si esta estrategia del partido demócrata les puede regresar a la Casa Blanca.