Ocho años de conflicto dejan a su paso dolor y desolación en Donbass

Ocho años de conflicto dejan a su paso dolor y desolación en Donbass

Iglesias, cementerios, edificios residenciales, o incluso escuelas y hospitales conservan las marcas de los bombardeos de las fuerzas ucranianas.

Las cámaras de RT han recorrido algunos de los numerosos lugares en la República Popular de Donetsk donde hasta el día de hoy permanecen visibles las graves secuelas que dejaron los bombardeos de las fuerzas de Ucrania sobre estos territorios ubicados en Donbass.

Uno de estos sitios se encuentra en las afueras de la ciudad Donetsk, cerca de la línea de contacto que había sido establecida en el 2014. El impacto de proyectiles contra todo tipo de objetivos —ya sean iglesias, cementerios, edificios residenciales, o incluso escuelas y hospitales— se ha vuelto algo común aquí.

Entre los edificios que conservan las marcas de disparos está el monasterio Iverski, una de las caras de la región. Fue construido en el 2001 y pertenece al Patriarcado de Moscú de la Iglesia ortodoxa.

Desde el 2014 el templo religioso es blanco de constantes ataques. Pero a pesar de todos los intentos por destruirlo, aquí siguen celebrándose misas y los fieles acuden al monasterio a rezar para que se acabe de una vez por todas la pesadilla que viven en carne propia desde hace ocho años.

Los vecinos de los barrios cercanos al aeropuerto de Donetsk aún recuerdan muy bien los intensos combates que tuvieron lugar en esta área. En las calles se pueden encontrar algunos monumentos a civiles fallecidos durante la agresión del Ejército de Ucrania en los años 2014-2016. Muchas de estas víctimas eran niños.

«Mi hija tenía 22 años. Todavía no logro resignarme. Una esquirla le hirió el corazón en plena calle y además le agujereó el pulmón. Murió en dos horas, el 24 de julio del 2014», cuenta Liudmila Rut, madre de una de las víctimas homenajeadas en uno de estos monumentos.

Otra de cicatrices que han dejado los bombardeos, es un edificio residencial que sufrió el impacto de decenas de ataques provenientes de Ucrania y, aunque cueste creerlo, no todos sus inquilinos se han marchado. En cada portal hay dos o tres familias que a pesar de todo el peligro continúan viviendo en los mismos departamentos simplemente porque no se imaginan una vida fuera de ese lugar.

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