Retroceso en el derecho al aborto en Estados Unidos divide aún más al país

Retroceso en el derecho al aborto en Estados Unidos divide aún más al país

Hasta hace poco, los prospectos electorales del partido demócrata de cara a las legislativas de noviembre eran lúgubres, por ponerlo en buenos términos. Con la popularidad del presidente Joe Biden por el piso –por debajo del 40 por ciento, según varios sondeos–, una galopante inflación que tiene a los estadounidenses contra las cuerdas y la tendencia histórica de que el partido en el poder suele perder terreno en los comicios de mitad de término, ya se hablaba de una especie de ‘tsunami republicano’ que les devolvería el control absoluto del Congreso y probablemente hasta la Casa Blanca en el 2024.

(Lea también: Aborto en Estados Unidos: Senado votará proyecto para protegerlo)

Pero esta semana explotó un tema que tiene a muchos haciendo nuevos cálculos. El lunes en la noche, el diario Politico publicó el borrador de una ponencia de la Corte Suprema de Justicia, escrita por el magistrado Samuel Alito, en la que se derogan Roe vs. Wade y Casey vs. Planned Parenthood, dos sentencias previas de la Corte que legalizaron el aborto en Estados Unidos hace casi 50 años.

El borrador, según Politico, ya tendría el respaldo de al menos cinco de los nueve magistrados que componen la institución (todos conservadores) lo cual garantizaría su aprobación, que se espera para junio de este año.

Según el razonamiento de Alito, ni la Constitución de EE. UU. ni sus enmiendas posteriores, se refieren o mencionan el derecho al aborto y, por lo tanto, la Corte Suprema que lo otorgó en 1973 y luego reafirmó 19 años más tarde, habría extralimitado sus funciones. Según el juez, mientras no exista una ley del Congreso que así lo ordene, esa decisión le corresponde a cada estado y a su aparato legislativo.

Aunque la ponencia no prohíbe el aborto en el país, sí lo deja herido de muerte en al menos la mitad de los estados donde los republicanos son mayoría y quienes llevan décadas tratando de prohibirlo. De hecho, ya hay por lo menos 13 que han aprobado “leyes gatillo”, que entrarían en vigor al día siguiente de que la decisión de la Corte se vuelva oficial y que volverían el aborto ilegal, aún para casos de violación o incesto.

En otras palabras, Estados Unidos se convertiría en un país dividido en dos, donde la mitad de la población, particularmente las personas gestantes, no tendrían acceso a la práctica y quienes los asistan serían tildados de criminales.

Inicialmente, ambos partidos se acusaron mutuamente por la inusual filtración. Para los republicanos, fue una maniobra demócrata para influir en la decisión de los jueces. Para estos últimos, se trató de una estrategia de sus rivales para amarrar el voto de los magistrados conservadores.

Una señora sostiene un cartel que dice: «Mantengan lejos al gobierno de nuestros calzones».

Foto:

AFP

Los conservadores no solo van por Roe vs. Wade sino por muchos de los derechos que se han otorgado en estás últimas cinco décadas o más.

John Roberts, el presidente de la Corte, confirmó que el memorando era legítimo, pero no definitivo y ordenó una investigación para llegar al fondo del asunto.

Lo cierto es que en el proceso se desató un inmenso debate nacional de impredecibles consecuencias. A lo largo de la semana, miles de personas se congregaron a las puertas de la Corte para protestar. Grupos de mujeres y defensores del derecho a decidir en todo el país denunciaron la movida como un asalto a la privacidad perpetrado por una minoría blanca y cristiana que quiere imponer su visión religiosa sobre los demás.

Aunque el derecho al aborto siempre ha sido polémico, en Estados Unidos una mayoría de personas, según las encuestas más recientes, cree que se debe mantener. En la más reciente hecha por el Washington Post y ABC, el 54 por ciento dice que se debe preservar frente a un 28 por ciento que opina debe ser acabado.
“Esta ponencia de la Corte no solo destruye el concepto de una institución independiente y no ideológica, sino que demuestra que no está en sintonía con el sentir de la gran mayoría”, señala Dahlia Litwick, abogada constitucionalista de la Universidad de Virginia.

Aunque las críticas se concentraron en el universo demócrata y progresista, incluso republicanos de alto nivel se declararon estupefactos. Lisa Murkowski y Susan Collins, dos senadoras de este partido, acusaron a los jueces de haberlas engañado durante su proceso de confirmación. Según ellas, Brett Kavanaugh, Amy Coney Barrett y Neil Gorsuch, los tres magistrados nominados por Donald Trump, habían indicado en sus testimonios ante el Senado que Roe vs. Wade era un precedente que consideraban materia saldada.

“Si lo que dice ese documento filtrado es cierto, sería completamente inconsistente con lo que ellos nos dijeron en sus audiencias de confirmación”, afirmó Collins.

Esta semana que arranca, los demócratas en la Cámara Alta van a presentar un proyecto que protegería el derecho a nivel federal y lo volvería inmune a una decisión de la Corte. No obstante, el partido no cuenta con los 60 votos necesarios para aprobarlo. Pero lo que sí es cierto es que el proceso dejará expuestos a muchos republicanos que votarán en contra, especialmente si hay deserciones.

“Los estadounidenses podrán ver esta semana si los republicanos se van a aliar con los extremistas que quieren prohibir el aborto sin excepciones, o con las mujeres, sus familias, y la gran mayoría del país”, dijo Chuck Shummer, presidente del Senado, al anunciar el proyecto de ley.

Pero el tema va mucho más allá. Según los demócratas, los conservadores no solo van por Roe vs. Wade sino por muchos de los derechos que se han otorgado en estas últimas cinco décadas o más. Entre ellos los matrimonios entre personas del mismo sexo, el derecho a obtener métodos anticonceptivos y hasta las uniones de personas entre diferentes razas, por citar solo algunos.

Los estadounidenses podrán ver si los republicanos se van a aliar con los extremistas que quieren prohibir el aborto sin excepciones, o con las mujeres, sus familias, y la gran mayoría del país

Eso porque ninguno de estos derechos tampoco están escritos en la Constitución, pues, como el aborto, fueron concedidos con base en la Decimocuarta Enmienda que garantiza el derecho a la privacidad. Y si cae Roe, cualquier otro, o todos, pueden caer bajo el mismo argumento.

“Reversar Roe vs. Wade es un ataque directo a la libertad, al derecho fundamental de la libre determinación. Cuando ese derecho a la privacidad es atacado, todos en este país enfrentamos un futuro en el que el gobierno puede interferir con las decisiones personales. No solo de mujeres, sino de todo”, dijo en tono combativo la vicepresidenta Kamala Harris.

Biden, por su parte, lo llamó una postura radical que podría destruir las fibras que sostienen al país. “¿Y qué más van a atacar? (se preguntó el mandatario). Porque los trumpistas (Maga) son en realidad la organización política más extrema en la historia reciente de este país”.

Y esa es justamente la idea que los demócratas esperan capitalizar en términos electorales. A lo largo de las tres últimas décadas, el partido ha ganado el voto popular en siete de las últimas nueve elecciones presidenciales. Pese a ello, los republicanos han terminado escogiendo a seis de los nueve jueces actuales.
Trump y George Bush, que perdieron el voto popular, pero llegaron al poder por el Colegio Electoral, pusieron a cinco. Al menos uno de ellos de manera extremadamente polémica, pues los republicanos del Senado bloquearon al nominado escogido por Barack Obama para reemplazar al fallecido Antonin Scalia bajo el argumento de que no se escogía a un juez de la Corte en año electoral, pero luego corrieron a confirmar al designado por Trump tras la muerte de Ruth Bader Ginsburg cuando faltaban solo dos meses para los comicios del 2020.

Un Senado, no sobra decir, en el que este partido tiene 50 votos (la mitad) pese a que recibió 25 millones de votos menos que los demócratas. Es decir, los republicanos, gracias a ventajas estructurales –y otras no tan sacrosantas–, tienen un nivel de poder desproporcionado en términos de su apoyo popular que está por materializarse en el caso del aborto.

Algo que se está convirtiendo en un grito de batalla para los demócratas. Según un estudio de la Universidad de Virginia, no hay duda de que el fin de Roe vs. Wade va a motivar a los votantes demócratas, que venían de capa caída. “Falta ver qué decide la Corte. Pero si esto se sostiene, de una probable barrida podríamos pasar a unas elecciones más competitivas”, dice el informe.

Anotan, eso sí, que el malestar actual por el estado de la economía es tan grande que probablemente no sea suficiente. Eso está por verse. Lo que desde ya es claro, es que de darse el fin de Roe vs. Wade esto tendrá implicaciones profundas que van mucho más allá del próximo ciclo electoral y que cambiarán el rumbo de la nación.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
@sergom68

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